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Presentación de libro

La política exterior de Cuba (1962-2009), de Jorge Domínguez

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Jorge I. Domínguez ocupa la cátedra Antonio Madero para Estudios de Política y Economía en México y América Latina.

Es vicerrector para asuntos internacionales de la UniversiDatdad de Harvard. Últimamente ha coeditado y es autor de un capítulo en The Cuban Economy at the Start of the Twenty-First Century (Editorial de la Universidad de Harvard, 2004) y en Consolidating Mexico's Democracy: The 2006 Presidential Campaign in Comparative Perspective (Johns Hopkins University Press 2009) y Cuba Hoy, Analizando su pasado, imaginando su futuro (Editorial Colibrí, 2006).

Ha sido presidente de la Asociación de Estudios Latinoamericanos... muchos libros publicados fuera de Cuba supuestamente sobre su política exterior se dedican en su casi totalidad al estudio de la de otros países hacia Cuba, omitiendo un estudio serio sobre la política exterior de Cuba. Por el contrario, los capítulos de este libro presentan la política exterior de Cuba como un instrumento normal de un Estado que se defiende, promueve sus intereses internacionales, y busca ejercer un papel protagónico en el ámbito mundial. Y, sí, Cuba fue sujeto, no simplemente objeto, en sus relaciones internacionales y ese comportamiento merece estudio.

[...].
Cuba desarrolló siempre una política exterior propia. Un error analítico a lo largo de la llamada Guerra Fría fue la incapacidad o indisposición de altos funcionarios del Gobierno, y miembros del Congreso, de Estados Unidos de reconocer que Cuba no era simplemente un títere de la Unión Soviética (…) .
Es cierto, sin embargo, que la URSS impuso limitaciones importantes en el manejo de su política exterior, y que Cuba los aceptó. Entre 1968 y finales de los 80, el Gobierno de Fidel Castro nunca adoptó nuevas medidas para oponerse a alguna política exterior de la Unión Soviética.

Fidel Castro personalmente apoyó las invasiones soviéticas de Checoslovaquia y Afganistán en 1968 y 1979, y en diversos foros mantuvo su lealtad a la hegemonía que la Unión Soviética le impuso a Cuba en 1968, cuando condicionó su continuada subvención económica y militar a esa lealtad. Dentro de ese marco hegemónico, Cuba ejerció con frecuencia un liderazgo “revolucionario” que involucró a la URSS en aventuras internacionales, subvencionando a aliados en apuros en Angola, Etiopía, Nicaragua y otros lares, que desgastaron sus propios recursos. Así, de manera indirecta, la alianza cubano-soviética fue parte del agotamiento soviético y del trasfondo al derrumbe de la URSS en 1991. (Editorial Colibrí)