Entrevista: La Joven Guardia
Juventud, tango y márketing unen a las promesas literarias argentinas
"Para pertenecer a este grupo de elite hace falta ser codicioso y masoquista", añade Juan Terranova, bonaerense de 33 años autor de novelas como "el bailarín de tango" que ha participado ya en varias antologías de relatos.

Si el márketing unido al masoquismo es la pieza común que fusiona a los escritores de "la joven guardia" para Terranova, la juventud y el elemento generacional es lo más relevante para los otros tres autores que participan en la lectura de este libro ideado por Maximiliano Tomás y editado Norma.
La música puede estar también en el origen de esta selección de textos. "La joven guardia fue un grupo musical que destacó en la década de los 70", recuerda Diego Grillo Trubba que asegura que Maximiliano se dedicó a unir estilos disímiles para dar cuenta de lo que estaba produciendo la nueva generación de escritores. "De hecho, la gran mayoría de quienes integramos el libro ni siquiera nos conocíamos al momento de la publicación y sólo teníamos en común tener menos 35 años y haber publicado algo".
Para Patricio Pron, premiado entre otros con el Juan Rulfo de Relatos 2004, el nombre de esta antología tiene también ritmo de tango. El cuentista originario de Rosario, que además de prolífico escritor participa de la más reciente antología de narrativa argentina en lengua alemana, encuentra que la joven guardia alude a un aspecto específico de la historia del tango: "la oposición entre los tradicionalistas y los innovadores con Piazzola a la cabeza en la década de los sesenta". "Éste epígrafe fue escogido por Maximiliano Tomas, para diferenciar al conjunto de escritores que selecciona de una vieja guardia de las letras argentinas, que aparece en el libro como el reverso de la moneda. En mi opinión, todos son escritores muy interesantes, con estéticas muy diferentes pero, en los mejores momentos, con un cierto potencial para el riesgo y la innovación, que sugiere que volveremos a escuchar hablar de ellos en el futuro".
La diversidad de criterios y valores para expresarse como argentinos o simplemente como escritores es común también en los cuatro

. "Respecto a la cuestión de grupo, la variedad de proyectos de escritura y el hecho evidente de que no todos viven en el mismo sitio y que, por tanto, la literatura argentina es, en términos puramente geográficos, cada vez menos argentina, me hace pensar que, o bien no existe un grupo como tal, o bien que sí existe, pero es de un nuevo cuño: un nuevo tipo de grupo literario determinado por la variedad y la dispersión antes que por la unidad y la proximidad, geográfica y estética", subraya Pron.
El relato o cómo no escribir un cuento
Si para Patricio el relato corto ha sido el mejor modo de expresarse en el siglo XX y en el XXI quizás sea el "único modo", para Terranova la novela seguirá primando durante el primer siglo del tercer milenio. "La novela se come todo. Su capacidad tentacular es máxima. No veo por qué fuera ésto a cambiar en el siglo XXI. Es más, desde mi perspectiva, el siglo XIX y el siglo XX apenas fueron el pre-calentamiento", asegura el bonaerense.
La voz femenina -Samanta Schwebling- asegura que es no sabe si el cuento es la mejor fórmila pero "en todo caso, sí es la mejor para las ideas que a mí particularmente me interesan trabajar. No creo que ningún cuento mío pueda funcionar bien como novela." La originalidad prima por encima del interés social o la experimientación para ella, si bien Terranova prefiere las historias sociales, al igual que Pron, que asegura que pese a que la experimentación ha sido el eje leterario argentino del siglo XX, la mimética de la realidad y casi el costumbrismo en el que los lectores puedan identificarse son las claves de su creación "cuentista".
De cómo escribir un cuento se ha hablado ya mucho, y cada uno de los autores de esta antología tendría su propia tesis, pero ¿cómo no escribirlo? ¿Qué lo llevaría al fracaso?
"Un cuento no debe escribirse para dar cuenta de que se sabe escribir. Soy de los que creen que las ornamentaciones son innecesarias en la literatura: la forma no es superior al contenido. El deseo por efectuar juegos de palabras, por dejar en claro para el lector desprevenido que se tiene dominio sobre el idioma o el lenguaje, muchas veces deja desorientado al lector que no comprende qué está leyendo y, muchas otras, da cuenta al lector avezado de que el escritor, en verdad, no supo manejar la historia y se perdió en recovecos fútiles", argumenta el mayor de estos jóvenes, Diego Grillo Trubba.

Mucho más gráfico es Patricio Pron que señala que "un cuento no debe escribirse de pie, porque uno se cansa con mucha facilidad. Tampoco en el agua, porque se borra. Tampoco debe escribirse con un bolígrafo que no funcione o en un ordenador en llamas". Juan Terranova sentencia directamente afirmando que "para escribir un cuento hay que vivir en Buenos Aires, como mucho en Montevideo, pero en España es imposible escribir relatos".
Las influencias literarias -y de todo tipo- son tan diversas como ellos mismos. Para Pron, la concisión y la economía de Franz Kafka es fundamental, así como los expresionistas alemanes o las “Ladies of the South” estadounidenses (Truman Capote entre ellas); pero también Bob Dylan y un par de docenas de escritores argentinos muertos, Elvio E. Gandolfo, Ricardo Piglia, César Aira, etc.
De Borges a Michel Houellebecq pasando por Auster afectan poderosamente a Diego Trillo, mientras que para Samanta la mayor influencia es latinoamericana (Adolfo Bioy Casares, Antonio di Benedetto, Juan Rulfo), con algunos clásicos como Beckett, Melville, Dostoyevski, otra vez Kafka…
Horacio, Google, Bavaria y el cavador
Todos estos personajes o lugares prontagonizan y dan color a los relatos elegidos por los cuatro escritores para la antología "la joven guardia". La argentinidad de Horacio, que movido por la necesidad acepta dar un curso para convertirse en argentino aunque no tiene la más remota idea de qué puede ser eso, repasa los tópicos que pesan sobre los argentinos -fundamentalmente, la chantada y la soberbia- y a partir de ello "inventa" el curso, que está plagado de errores".

Grillo asegura de su personaje que seguramente no haya un pelotudo mayor en su relato. "Creo que él lo es por aceptar hablar de lo que no sabe -aunque quién no lo ha hecho en alguna oportunidad-, pero también lo son sus alumnos por suponer que la argentinidad existe, que puede ser aprehendida o explicada".
Terranova se acerca a la tecnología y a google como su máximo exponente y vuelve también al tema recurrente del escritor joven. Los paisajes alemanes iluminan el texto de Patricio con un cuento -Dos Huérfanos- que forma parte de "El libro Alemán", en el que salvar a los cervatillos huérfanos se convierte en el máximo objetivo de un escritor.
Schwebling impone la tensión con su cavador. Para la escritora éste es un requisito para que este cuento en particular funcione. "Hay que tener cuidado con incomodar al lector" pero para ahondar en su propio mundo hay que generar cierta magia, cierto misterio que en El Cavador es la búsqueda que difícilmente pueda nombrarse.
Para conocer todo lo demás, habrá que acercarse a escucharlos.






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