Poesía en Casa de América
Seis poemas en exclusiva de Juan Manuel Roca
CONFESIÓN DEL ANTIHÉROE
Nunca llegué a sitio alguno.
Cuando los altos viajeros
Se deslizaban en un hondo silencio
Y veían la tierra como una aldea perdida,
Yo miraba en la oscuridad de los armarios
Pequeñas lunas de alcanfor.
Muchos impacientes caían en combate
Cuando era humillado en oscuras oficinas.
Los inventores de la máquina de sueños
Cenaban con mujeres más bellas que sí mismas.
Una ración de orfandad me era servida
Bajo techos que dejaban caer migajas de yeso
/en el mantel.
Nunca llegué más allá de la próxima esquina.
No fui el boxeador que sonríe a la penumbra
Cuando en el altar del cuadrilátero
Parece llamar a la oración la última campana.
No tuve agallas para disparar contra el tirano,
No monté en pelo el brioso caballo de la guerra
Ni atravesé campos minados para salvar una aldea.
Me dediqué a masticar el pan sin levadura
/de todas las derrotas.
Algunas noches me pregunto dónde andarán
Los que cambiaron de piel o de país
Mientras oigo una canción que habla de visitar
/la lejanía.
ANTIORACIÓN
(Un reclamo por los poetas)
Ni aunque me dotaras con la lengua
Y el tacto del Rey Salomón,
Ni aunque me dictaras un bello Cantar
Que abreve en labios de alguna moabita,
Ni recibiendo en dádiva a la hija
/del Faraón,
Ni por un caballo negro
Que chapotee en la lluvia
Y piafe bajo un cielo de olivos,
Ni por la dignidad del viento
O de un gran señor en las viñas de Baal,
Ni a cambio de un próspero comercio
De toneles de vino y bosques de olor,
Lograré entender, Señor,
Que en la lengua de John Donne,
En la misma de tu hijo William Blake,
Se sigan ordenando las matanzas.
EL HOMBRE DEL PROYECTOR
(Un réquiem por el cine)
En los barrios
El cine nunca fue mudo. En corrillo,
El hombre del proyector
Contaba películas de Chaplin,
Le daba a sus gestos una voz.
Afirmaba que los soldados nunca vencieron
A Jerónimo
Y que tras la función de matinée
Se levantaban los apaches heridos,
Se sacudían el polvo,
Montaban sus caballos de viento
Y se iban a galopar por la llanura
En la función de vespertina.
No así los blancos, que caían flechados para
/siempre
Cuando quería meter
Su mano vengadora en el guión.
El hombre del proyector
Juraba que al cerrar el telón
Billy the Kid seguía entrando y saliendo
En los salones de Texas
Hasta hacerse un viejo bonachón
Y todos los alguaciles morían abatidos
En un río de hiel.
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Juan Manuel Roca premio Casa de Am - viernes 5 de junio de 2009






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