CABO POLONIO. URUGUAY. Foto enviada por Inés Ruiz
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Gabriel Torres, un Chapaco que creció junto a la guitarra

Mario Daniel Villagra
Bolivia
06/11/2017
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Fotos de:Mario Daniel Villagra
Texto de:Mario Daniel Villagra
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La música del artista boliviano

Volvía a encontrar a Gabriel Torres en la plaza de armas de su Tarija natal, donde nació el 23 de enero de 1990.  Hace más de ocho años que salió de Bolvia para estudiar en Argentina, de manera tal que su corazón tiene de ambas naciones. De hecho, sus padres, Marcelino Torres y Mabel Gorena, se conocieron en Córdoba, Argentina, en época de estudiantes. Confiesa que hacer música lo hace mejor persona, lo cual lo habilita a conversar de todo lo que se desprende de ella. Así como accedió a la posibilidad de hablar sobre lo que piensa y vive, también nos abrió la puerta de su hogar para dialogar sobre la música y la guitarra. Ganador de varios premios, supo tocar en distintas oportunidades en la Casa de la Cultura de Tarija, como muestra el siguiente video. Posteriormente, la grata entrevista.

— ¿Cómo ingresa la música en tu casa?

— Bueno, al tener siete hermanos mayores y estar creciendo en una casa tan llena de gente y movimiento, la música siempre estuvo presente, cuando escuchaba de cada uno la música de su preferencia.  Uno termina absorbiendo y naturalizando diferentes géneros y estilos sin mucho cuestionamiento. También mi padre solía escuchar música clásica, ver operas, jazz, salsa, música brasilera. Tenía una buena discoteca, de muy buen gusto. En ese sentido estuve influenciando por músicas muy distintas. Tengo entendido que la generación de mi abuelo por parte materna, tenía vocación y mucha actividad musical cuando se reunían en familia. Una hermana tenía un violín, lo estudió durante un tiempo, y otra, estuvo en el coro de la Universidad por varios años. Finalmente fui el único que siguió haciendo música.

 — ¿Cómo aparece la primera guitarra en tu vida?

— Recuerdo que mi padre había comprado una guitarra muy pequeña cuando yo tenía cinco años. Por suerte tuvo esa gran intuición. Pero no fue hasta que yo tuve siete años que recién me interesé por ella y empecé a tocarla. Recuerdo que era muy cómoda por su tamaño; se adecuaba muy bien. Además en casa,  había otra guitarra más grande, que fue pasando por cada uno de mis hermanos. Algunos tuvieron más interés y otros menos. Esa guitarra llego hasta a mí, y bueno, también comencé a sacarle sonidos. Me sentía muy cómodo con las cuerdas, su sonoridad.  Fue tal mi interés y mis ganas de aprender que junto a mi hermana Marcia, fuimos a la Escuela Regional de Música.  Allí tuve la suerte de empezar a los siete años con el Mtro. Fernando Ardúz, un destacado músico a nivel nacional, quien tenía un método numérico que era muy fácil para aprender melodías. Al mismo tiempo, iba aprendiendo la lectura del lenguaje musical.

— ¿Cómo recuerdas las primeras experiencias en relación a la música?

— Bueno, una vez que ingresé a la Escuela Regional de Música “Pastor Achá Martínez”, tuve más relación con la actividad musical de la ciudad. Conocí muchos músicos, intérpretes, compositores, como así también los festivales, presentaciones y conciertos que se hacían. Fue muy bueno en ese sentido, porque se amplió mi perspectiva y conocí a muchas personas. Durante mi adolescencia, sentí mayor atracción por la lectura musical, porque me permitía interpretar obras de distintas épocas y lugares del mundo. Eso me pareció fabuloso, porque enriquecía mucho mi creatividad. Desde temprano me incliné por la música clásica. Estaba muy ávido de conocimiento en ese momento. Era como que dentro de una caja había otra caja, y así sucesivamente. En este caso, las cajas era información nueva.

Recuerdo que tenía facilidad con el instrumento y con la lectura musical, por lo que mi avance me permitió rápidamente tocar obras nuevas que me iba entregando el Prof. Ardúz.

En Tarija, cada abril, se celebra el Festival Abril en Tarija, que ya tiene más de veinte versiones, se trata de un mes entero de actividad cultural, de toda índole, literaria, musical, teatral, danza, pintura, fotografía, etc. En el marco del festival, estaba presente el Concurso Nacional de Guitarra, junto al de piano y violín, con varias categorías, desde la infantil hasta la de mayores. Cuando tuve trece años, ya estaba leyendo algunas obras, y  me presente en la Infantil, logrando el primer puesto felizmente. En la premiación, recuerdo que tocamos en el Auditorio, que estaba lleno. Esa sensación de aquella presentación,  aún la recuerdo y me marcó bastante. Desde ese tiempo tuve un contacto directo con la guitarra clásica, porque cada año o dos, venían guitarristas y profesores de distintas ciudades de Bolivia. Eso me motivó bastante para seguir estudiando, tocando e investigando.

A los quince años di mi primer concierto como solista, con obras de repertorio, fue  una media parte, junto a Julio Araoz, amigo guitarrista, en el Comité Cívico de la ciudad.

Los siguientes años fueron de mayor compromiso con el instrumento, porque se empezaron a organizar festivales y certámenes en Cochabamba, para los cuales me preparaba con mucho interés, porque era una oportunidad también para tomar clases magistrales con distintos profesores y también me permitía conocer guitarristas jóvenes de varios países de la región. Allí, me di cuenta de la importancia de estudiar el instrumento a un nivel superior y también formarme de manera integral.   Sólo así podría lograr un desarrollo técnico y musical que me permitieran tocar las obras que me proponía en ese momento. Recuerdo que cuando tenía 18 años, volví del festival de Cochabamba muy decidido a buscar el lugar más adecuado, sin temor a las renuncias que había que hacer. Ya había abandonado los estudios de Ing. Civil en mi ciudad. Para mi fortuna, tuve el apoyo incondicional de mis padres y hermanos. Solo había que ponerle decisión y voluntad, mucha voluntad y esfuerzo para la formación universitaria. En esa época viajé a La Paz; Bolivia, y a Salta, Argentina, para averiguar los planes de estudio, organicé un concierto y  finalmente me decidí por Paraná.

— ¿Cómo vez la cultura de tu país, ahora a casi una década en Argentina?

— Viendo lo que pasa con la actividad musical desde mi ciudad y departamento, y con la experiencia de estar formándome fuera del mismo,  noto que es necesario mejorar los contenidos, la calidad y exigencia en la enseñanza musical en nuestras instituciones.

La actividad musical que tiene más popularidad en Tarija, es la de la  música popular. En ese sentido,  sería bueno replantear algunos programas de estudio para que permitan desarrollar más a nuestro folklore, partiendo desde el conocimiento generalizado  del lenguaje musical. Falta nivelar desde ese aspecto, que es fundamental, para que el conocimiento del lenguaje musical genere una base desde la cual se pueda realizar y desarrollar arreglos más sofisticados, adaptaciones, transcripciones permitiendo así la creación de distintos ensambles, orquestas, etc.  Esta base de conocimiento, facilitaría la creación de carreras musicales en un nivel Superior. También es necesario revisar la enseñanza del lenguaje musical, ahora el paradigma está cambiando,  desde la práctica y la creación se van incorporando los contenidos. La bibliografía también es importante, que la elección sea la más adecuada. También la técnica en los instrumentos, con el tiempo han ido cambiando los conceptos, los posicionamientos; por eso es necesario cursos de actualización para los docentes, que puedan ir a lugares de referencia en países cercanos para formarse de mejor manera y estar al tanto de los nuevos paradigmas técnicos-interpretativos, las nuevas tendencias y las nuevas creaciones. Estos intercambios son muy provechosos. En este sentido, es necesaria también, la visita de maestros que puedan aportar con su conocimiento y experiencia. Acá tiene mucha importancia la gestión cultural que puedan hacer las autoridades. También la creación de circuitos y ciclos de conciertos estables, financiados por las instituciones culturales que tenemos, para que así puedan venir a dar conciertos en Tarija músicos nacionales y de otros países y transmitir sus enseñanzas y experiencias a los nuestros a través de seminarios, cursos y masterclases. Estos ciclos de conciertos, permitirían también, que los músicos locales, estén en constante actividad y producción. También el público local se beneficiaría, con una oferta cultural y musical cada vez más variada.

Ahora se dio un paso importante, en la normativa del Teatro, porque permite cobrar a los artistas. Esto es muy positivo para su autogestión, vigencia y permanente actividad creativa. También para valorar y reconocer su trabajo por medio del pago de la entrada.

Tengo entendido que desde la Orquesta de Cámara, crearan un Instituto Superior, con varias carreras instrumentales. Es una excelente noticia que se vaya institucionalizando la música para que así se puedan profesionalizar nuestros músicos.

La creación de las orquestas juveniles en base al Sistema Venezolano, está dando sus frutos luego de varios años de dedicación. Hay mucho interés por parte de los chicos, y eso es bueno, para promover la creación de un espacio de enseñanza superior, que podría configurarse en la Universidad que tenemos en la ciudad.  Se necesita esa demanda por parte de los  estudiantes interesados para generar las carreras de instrumentos que tanta falta hace en nuestro medio. Esto tendría un alto impacto en nuestro medio cultural. Será bueno también, para que la música clásica tenga mayor desarrollo en nuestro medio. Pero para que se concrete, se tienen que aunar los esfuerzos, voluntades y decisiones, sobre todo político e institucional. Espero que en un mediano plazo, se vaya discutiendo esta idea. Sería muy satisfactoria para los músicos de todo el sur del país, podría ser un polo de formación que convoque a muchos músicos.

También es necesario que los músicos del país estemos más en contacto con los  músicos, circuitos artísticos y culturales de los países vecinos. Los intercambios culturales son muy necesarios para que crezca y desarrolle el arte en general.

Otro aspecto que tenemos muy pendiente, es incentivar la luthería, para que en un tiempo sea posible adquirir un buen instrumento de un constructor local.

— ¿Por qué elegiste Paraná?

— Cuando estaba en colegio, en el último año, fui a un Encuentro Juvenil Internacional de Música de Cámara en Antofagasta, organizado por la Universidad y el programa ZICOSUR. Allí conocí muchos músicos de distintos países de la región. Al año siguiente volví, ya cuando estaba estudiando Ingeniería Civil en Tarija, y bueno, fue muy rico el viaje en cuanto a experiencias porque tuvimos cinco días de conciertos en auditorios, iglesias y colegios de diferentes ciudades. Después de tantas experiencias musicales, me propuse buscar un buen lugar para estudiar la guitarra a un nivel superior. Los guitarristas que conocí en ese Encuentro  me recomendaron Paraná  porque allí existía una excelente escuela de guitarra, que estaba dirigida por el Mtro. Eduardo Isaac.

El hecho de comenzar a viajar solo desde los 12 años y de comenzar a salir del país desde los 17 años, me dio confianza para irme a Paraná, que desde mi ciudad son sus buenas 29 horas de viaje.

En Paraná, tengo un primo, quien me ayudó las primeras semanas para organizarme y buscar donde vivir. En la facultad, conocí a músicos de otros países, que también hicieron grandes renuncias con el objetivo de ser mejores músicos. 

Después de 8 años  en la institución, sin duda que la cátedra de guitarra de la Escuela de Música, Danza y Teatro “Constancio Carminio”, es un lugar de referencia para los guitarristas de toda la Argentina y países de la región. Lo interesante de la misma, es que tenemos un profesor que dirige la cátedra, (Eduardo Isaac) y son cinco profesores mas, (Silvina López, Pablo Ascúa, Luis Medina, Ernesto Méndez y Walter Gómez) con los cuales rotamos cada cuatrimestre. Esta posibilidad de tener esta variedad de criterios y perspectivas sobre la ejecución e interpretación del instrumento facilita al desarrollo del propio criterio. 

 — ¿Cuáles son tus maneras de preparar un concierto y los ensayos?

— Bueno, en ese sentido, suelo enfocarme de distintas maneras. No siempre se dispone de mucho tiempo para una presentación, es por eso que trato de repartir bien el trabajo los días previos. De ganar tiempo al tiempo para llegar en las mejores condiciones posibles. Trato que las obras siempre tengan un trabajo previo muy minucioso. Cuando interpreto obras nuevas, bueno, se descubren siempre nuevas cosas en cada nueva interpretación en escenario, que es muy diferente que tocar en casa. En ese sentido, en el estudio que hago en casa, trato de lograr digitaciones que vayan de acuerdo a la idea e intención musical que quiera generar, siendo muy autocrítico hasta elegir la adecuada. Trabajo mucho en ese sentido, también en la perfección técnica para que se facilite la fluidez del discurso musical. Tengo esa obsesión por lograr el mayor control de la mecánica de ambas manos que faciliten a lo musical, al discurso, a los fraseos, a la calidad y potencia del sonido, por citar algunos; esto se extiende a un trabajo de varios años del repertorio que vengo desarrollando. 

Si se trata de un concierto completo, los días previos, estudio por partes, según este organizado el concierto. De esa manera, tengo clara la sensación que genera interpretar las obras en un bloque. En cada nuevo concierto o presentación, varía el repertorio, por tanto, es siempre nueva la estrategia y el planteo que me hago para llegar en mejores condiciones, siempre considerando y teniendo como premisa que la música tiene que fluir de la mejor manera, de acuerdo a las ideas trabajadas y que siempre sea disfrutable hacerla.

 — ¿Qué dirías del Estudio de la música?

— Es muy amplia la pregunta, pero me restrinjo a comentarte las percepciones que tengo  desde mi actividad y experiencias.

Estar dentro del entorno musical y ser parte de un grupo de personas que están en constante actividad creativa deja muchas experiencias positivas desde lo musical y desde lo humano.

El hecho de preparar conciertos, presenciar conciertos de otros músicos, estar en constante investigación y estudio, lleva a que uno aprenda sobre el arte en general, más aun con la formación universitaria que estoy por concluir, el Profesorado de Guitarra, en la UADER (Universidad Autónoma de Entre Ríos) en Paraná,   que con su extenso programa de materias, me permitió entrar en contacto con distintos campos de conocimiento que complementan muy bien a mi actividad como músico.

Dedicarse a la música hace que indefectiblemente debamos mejorar como personas, porque te lleva a cultivarte cada vez más, a superarte siempre, a trabajar y esforzarte para conseguir los resultados que se pretenden alcanzar, a mejorar las cualidades que tengamos y en trabajar en las debilidades que no te dejan crecer. Entonces, en el camino uno va conociendo valiosas personas. Es la importancia de la música, que te permite crecer en todo sentido. Es importante que, dentro de la medida de lo posible, se la estudie de la mejor manera posible y que cada vez sea mayor el acceso a ella para que sus beneficios sean disfrutados por todos.

Y así, sin más, este corresponsal siguió su viaje, como Gabriel su camino para seguir creciendo junto a la guitarra.

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Tarija, Bolivia. Río de Janeiro, Brasil y en 2017.

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Mario Daniel Villagra

Nació en 1987. Docente , periodista e investigador. Editó El barrio del tambor, la marca negra en el bicentenario (dos ediciones); Agmer. Un gremio escuela; Poemas del Principiante . Salió en Antología Poética de Juan Laurentino Ortiz (Arg.) y en la Revista Digital Literatura y Poesía, de México. Productor de la serie audiovisual Su móvil, nuestro móvil.

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