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LA RIQUEZA INDÍGENA DE CHEUCARAMA

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La gran pasión de Chafil Cheucarama es el dibujo. No tiene inconveniente al tomar su plumilla y dejar volar su imaginación. Sus trazos hablan de sentimientos, costumbres, deseos y tradiciones, elementos que atesora como verdaderas joyas de la creatividad.

 

En sus cuadernos recoge la esencia de mágicos paisajes con los que creció en la etnia Emberá- Wounaan y con los que expresa desde hace más de 25 años su dedicación por las ilustraciones que lo han llevado a cotizarse como uno de los mejores en Panamá.

 

Para el dibujante oriundo de Darién, su gran curiosidad artística lo llamó desde muy niño cuando contemplaba a su padre en la fabricación de delicadas figuras de animales talladas, que posteriormente serían el bastión para engendrar su don artístico.

 

De hecho, esos primeros pininos en el campo artístico aún los sigue y posee una rica colección de artesanías miniaturas a base de semillas parecidas al tagua traídas de África para deleite de los coleccionistas nacionales y extranjeros.

 

Fue descubierto en 1973 cuando Reinaldo Binder realizaba una misión evangelizadora en Darién. Su habilidad con el lápiz deslumbró al misionero, quien poco a poco empezó un intenso trabajo de aprendizaje del idioma y la cultura.

 

Fue invitado por Binder a Panamá y durante 15 años residieron en Alcalde Díaz. Durante este tiempo, los cursos de dibujo y el aprendizaje de formas fueron creciendo en Cheucarama.

 

Su talento era envidiable, fue así como se cultivó en principio con las orientaciones del ilustrador colombiano, Héctor Osorio Gallegos, quien agregó perspectiva a su don creativo.

 

En este devenir de creatividad conoce a la historiadora Reina Torres de Araúz, quien lo contrata para ilustrar algunos libros de su autoría. Es la antropóloga panameña quien maravillada por su talento, lo envía al extranjero para expandir sus conocimientos.

 

La oportunidad fue enriquecedora. “Descubrí como realizar trabajos para la literatura infantil, específicamente en las ilustraciones”, asegura Cheucarama, quien hoy ostenta una licenciatura en diseño gráfico. Su crecimiento e ingenio lo llevaron a ser el creativo de las portadas de textos que auspicia y promueve el INAC.

 

Para ‘Chaf’, el dibujo es “escribir de una forma visual”. Su talento ha trascendido fronteras. En 1994 obtuvo el primer premio como ilustrador de libros en un concurso organizado por la OEA en la Feria del Libro Infantil en donde representó a América. Pero además de la ilustración, el artista capta en tan sólo 20 minutos el rostro de cualquier persona. “Es algo especial y mágico”, sostiene, al tiempo que se enorgullece de tener más dominio y control con este tipo de dibujos porque puede aplicar varias técnicas, principalmente la plumilla”.

 

Es apasionado del acrílico para darle color a sus composiciones y aunque ha realizado muchas obras pictóricas a partir de sus dibujos, Cheucarama siente una visible inclinación por sus raíces indígenas.

Es un defensor de su etnia Emberá- Wounaan y ha elabo-rado 14 libros o bocetos con leyendas como “El niño de la pantorrilla”, “La serpiente gigantesca” y un sinnúmero de fábulas, incluyendo las costumbres e historias de sus antepasados, en su lengua natal.

 

Actualmente está dedicado al proyecto ‘K’aug taarrou maach meu’ (Vamos a aprender a leer en nuestro idioma), donde recopila su labor literaria y su interés por preservar la autenticidad de su etnia.