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Moda

"Nunca he sido una mujer ambiciosa"

El Mercurio (Chile) [ martes 24 de julio de 2007 ]



Es la más internacional de las diseñadoras latinoamericanas, y sus creaciones impactan desde Nueva York hasta Dubai. Luego de su megadesfile en Colombia para presentar su nuevo perfume CH –que será lanzado mundialmente en octubre–, Carolina Herrera habló con Revista Ya de su pasión por la moda y de su fidelidad a la pasarela neoyorquina. Impecable en su camisa blanca, la creadora venezolana asegura: "Las tendencias son lo más aburrido del mundo. Encontrarse con otra señora al lado con tu misma bolsa y zapatos demuestra falta de originalidad. Las mujeres tienen que ser atrevidas y creativas para tener estilo".

"Carolina es una mujer de cuidado". Ésa fue la expresión que utilizó la legendaria editora de modas Diana Vreeland para responder, en 1981, a las inquietudes sobre el futuro de Carolina Herrera en el negocio del fashion. "Cuando ella dice que va a hacer algo, hay que creerle. Es una mujer decidida y siempre cumple lo que promete", aseguró Vreeland, quien entonces era considerada como la dictadora internacional del estilo por sus trabajos en Harper's Bazaar y Vogue. "Sus diseños son elegantes y tienen buen corte. Ella tiene un gusto innato. Es algo más que una millonaria cumpliendo un capricho", comentó la veleidosa editora ante la prensa que miraba con recelo la colección debut que su amiga venezolana acababa de presentar en el Metropolitan Club de Nueva York.

La autoritaria Diana Vreeland sabía de lo que hablaba. Veintiséis años después de esos vestidos, que Carolina Herrera diseñó y que cosió una costurera que la visitaba desde su natal Caracas, la diseñadora es una de las mujeres más poderosas en la moda internacional. Toda una dama del estilo, que en 2004 fue premiada como la mejor creadora de ropa femenina por el Consejo de Diseñadores de Moda Americana. Tiene tiendas exclusivas en ciudades como Nueva York, Moscú y Dubai, pero su imperio no sólo se remite a la moda femenina. También maneja una línea masculina y colecciones de bolsos y accesorios. Sin olvidar su extensa línea de perfumes, que ahora se complementa con su nueva fragancia CH, que lanzará mundialmente en octubre, pero que acaba de presentar con un desfile de gala en Medellín, el centro de la moda colombiana.

A Colombia llegó con su hija Carolina, quien se ha convertido en su mano derecha en el negocio de los aromas. "Es fabulosa. Tiene pasión por su trabajo. Este perfume es su obra completa, desde el frasco que imita una caja de sombreros hasta las notas de jazmines que lo componen", asegura orgullosa en la suite presidencial del hotel en Medellín al que llegó directamente desde Nueva York. Ahí nos recibe con una amplia y delineada sonrisa que combina a la perfección con su tradicional peinado, con el cuello de su camisa blanca y la amplia falda oscura que cae discretamente a la altura de sus rodillas.

"Estos días han sido ajetreados y maravillosos. Hace unos días estuve en Roma celebrando los 45 años de Valentino y ahora estoy en la misma ciudad que visité en 1980, cuando pensaba dedicarme al diseño de telas", recuerda.

–¿Diseñar telas?

Fue una idea que tuve en un momento, pero amigos como Diana Vreeland y el conde Rudi Crespi, que llevaba a todos los diseñadores italianos a Nueva York, me convencieron de que me concentrara en la creación de vestidos porque esa es mi área en la moda. Y al parecer tenían razón. Mis vestidos gustaron y yo me enamoré de esta profesión.

"Mi éxito fue una grata sorpresa"

María Carolina Josefina Pacanins y Niño de Herrera inició su carrera en la moda a los 40 años. Ya había tenido a sus cuatro hijas, había nacido su primer nieto y su nombre figuraba desde hace una década en el listado de las mejor vestidas del mundo (al igual como ahora lo hacen sus hijas Carolina y Patricia). Su listado de amigos estaba compuesto por gente como Andy Warhol, quien la inmortalizó en tres retratos todos iguales salvo por el color de la sombra de ojos; se reunía con la princesa Margarita de Inglaterra en la Isla de Moustique y fue una de las confidentes de Jackie Kennedy, quien llevó sus diseños hasta el día de su muerte.

"Creo que hay un momento en la vida de todos en el que se debe hacer lo que realmente se quiere y desea. Yo no empecé a trabajar porque mis hijas estaban grandes; de hecho, la menor, Patricia, recién tenía seis años. Decidí dedicarme a la moda porque realmente me nació la necesidad interior de hacer algo diferente", comenta al tiempo que una de sus asistentes le acerca un vaso de agua fresca.

–Cuando presentó su primera colección, ¿pensó que llegaría tan lejos?

Nunca he sido ambiciosa. El éxito de mi trabajo fue una grata sorpresa. Cuando empiezas, creo que nunca sabes muy bien adónde vas, ni si vas a gustar, porque tampoco lo estás pensando. Lo que sí sabía era que quería hacer bien las cosas y que me gustaba lo que estaba empezando.

Para Carolina Herrera la elegancia y la sofisticación son algo natural. Nació en 1939 en Caracas, en el seno de una familia de terratenientes de vieja ascendencia colonial. Creció con institutriz húngara de cabecera, constantes viajes a Europa y clases de equitación. Su padre, Guillermo Pacanins, fue gobernador de Caracas y ministro de Relaciones Exteriores, y su madre era una dama de la sociedad caraqueña. Carolina tenía 13 años cuando su abuela materna la llevó a París a un desfile de Cristóbal Balenciaga. Paradójicamente, aunque ahora admira el trabajo del costurero español, ese desfile no fue el detonante para que pensara en dedicarse a la moda.

"Recuerdo que los vestidos eran increíbles y las modelos caminaban sin música. Me asombré, pero me habría divertido más viendo caballos, que entonces eran mi pasión".

–¿Entonces es cierto que cuando niña no jugaba con muñecas?

No es que no jugara con muñecas, lo que sucede es que me gustaba más desvestirlas que armarles vestidos. Supongo que desde niña detesté las cosas que no estaban bien hechas, por lo mismo creo que encontraba feísimos sus vestidos y se los sacaba. Lo curioso es que no las cambiaba de ropa. Las dejaba así, sin ropa, porque era incapaz de hacerles otros vestidos...Incluso todavía reconozco que no sé coser un botón (risas). Soy una diseñadora que no sabe hacer un patrón o cualquier trabajo de costura que implique tomar una aguja. Simplemente tengo la suerte de que Dios me dio el ojo para la moda.

–Y buen gusto.

Nada de eso. El buen gusto no funciona si no hay talento ni esfuerzo. Tengo el talento para combinar los colores, mezclar texturas; sé dónde debe ir cada pieza, reconozco la importancia de cada detalle, dónde debe ir un hombro, si una costura está bien hecha o si las proporciones son las adecuadas. Pero eso no significa que yo misma corte la tela y me encargue de cada puntada de un vestido, porque soy incapaz de hacerlo. Para eso tengo un equipo que entiende a la perfección todo lo que busco. Es gente joven y muy inteligente, ellos son mis ojos y conocen a la perfección mis gustos. Y también soy una mujer que se esfuerza por conseguir lo que quiere.

Una diseñadora fuera de la tendencia

A los 18 Carolina se casó con el terrateniente Guillermo Behrens Tello, pero siete años después se separó. Ante el escándalo de la sociedad venezolana, volvió a la casa paterna con sus dos hijas mayores y consiguió trabajo llevando las relaciones públicas de la marca italiana Pucci. En 1968 contrajo matrimonio por segunda vez con el millonario Reinaldo Herrera. Además de ser el padre de sus otras dos hijas, Carolina y Patricia, él fue su gran apoyo cuando decidió comenzar su negocio en la moda.

–Siempre ha dicho que su familia le importa más que su carrera.

Es cierto. No soy de las mujeres que dedican todo el día a su trabajo. No me levanto a las siete para llegar a la diez de la noche a mi casa. Además, soy muy disciplinada y me hago el tiempo para cumplir con todo. Hablo con mis cuatro hijas todos los días, sé lo que les pasa a mis nietos y todo lo que sucede en mi casa. Lo primero para una mujer es tener una vida, sus hijos y después trabajar.

–¿No ha pensado en emigrar a París como otros creadores?

No tengo ninguna intención de presentar mis colecciones en otro lugar. Mudarme a las pasarelas de París o cualquier otro lugar de Europa es algo que no está ni estará en mi mente. Para qué voy hacerlo si todos los europeos se mueren por conquistar Nueva York. Saben que si triunfan ahí tienen su camino asegurado. Además, es una ciudad única, está llena de energía, hay muchas cosas por descubrir y tiene un ritmo de vida que me encanta.

–¿Cuál es la fórmula para que sus colecciones luzcan cada vez más juveniles?

Es algo que no tiene mayor ciencia, simplemente sucede. Consiste en ser fiel a tus propios principios, a tu imaginación y a tu concepto de elegancia. Cuando comencé en los 80 era una época muy excesiva y la moda estaba llena de detalles que hoy no valen, pero logré adecuar mi estilo a ese gusto. Hoy me siento más cómoda con lo que hago porque soy más partidaria de la sencillez, las telas bien cortadas y la elegancia más recatada. Puedo decir que en mi estilo no hay espacio para esos diseños que eclipsan la naturalidad de la mujer y le roban protagonismo. No hay nada peor que, en una fiesta, digan: "mira qué impresionante vestido, pero ¿quién es la mujer que lo lleva puesto?"; es una pregunta que debería partir a la inversa.

–¿Se siente más diseñadora que empresaria?

Más diseñadora, obviamente. Yo no mezclo lo empresarial con lo creativo. Los números y las cuentas no me desvelan, de eso se preocupa gente en la que confío y sabe hacerlo. Ya he comprobado que en la medida en que eres buen diseñador, haces cosas bellas y con una confección perfecta, los números de tu empresa crecen.

–¿Qué opina del fenómeno televisivo de la moda? Series como "Sex and the City" han popularizado el lifestyle neoyorquino.

Ese glamour televisivo es abominable. Es cierto que "Sex and the City" fue una serie divertida, pero con una falta de elegancia y distinción increíble. Como se vestían sus protagonistas me horrorizaba. Todas lucían como disfrazadas con diseño y marcas caras sin otro sentido que llamar la atención. Conozco a su estilista, Patricia Field, pero no comparto sus ideas, son opuestas a la discreción y femineidad que yo propongo.

–¿Nunca apareció un diseño Carolina Herrera en sus capítulos?

Que yo sepa, nunca. Pero no fue porque me opusiera. Soy una mujer muy tolerante y abierta. No tengo alma de dictadora de la moda, aunque muchos piensen lo contrario.

–Hoy la moda está dominada por accesorios como los bolsos exclusivos ¿Comparte esa propuesta?

Los bolsos pertenecen a la segunda línea CH, que ahora cumple seis años. Ahí funcionan muy bien porque se complementan con la idea juvenil y dinámica de la colección. Tenemos hermosos it bags que compiten perfectamente con Gucci. En cambio, en mi primera línea Carolina Herrera New York, que es más exclusiva, no tienen cabida. En mi pasado desfile en Nueva York no apareció ninguno de ellos, aunque fueran el must del momento. Seguir las tendencias no va con la elegancia más pura.

–¿Por qué?

Es que las tendencias son lo más aburrido del mundo. La moda debería ser única. Encontrarse con otra señora al lado con tu misma bolsa y zapatos demuestra falta de originalidad. Las mujeres tienen que ser atrevidas y creativas, es el secreto del estilo. Decir, por ejemplo, "ese bolso me gusta, no se lo he visto a nadie y lo quiero". Por mucho estatus que algo Chanel o Vuitton te pueda dar, no hay nada con menos estilo que andar uniformada por la vida.

–¿Cuánto se debe invertir para vestirse bien?

El dinero no tiene que ver con la elegancia. Hay mujeres que gastan mucho y compran todo, pero eso no garantiza nada. Hay otras que manejan sólo una cierta cantidad, pero piensan mejor y compran lo que realmente les queda bien. En un buen armario no pueden faltar básicos como unos buenos pantalones, un vestido de noche, un buen par de zapatos y faldas. Infaltable una buena camisa blanca.

–Como la que lleva ahora, ¿es su prenda favorita?

Siempre las he usado. Desde que era niña y las llevaba para el colegio. También cuando montaba a caballo o jugaba tenis en mi casa en Caracas. Una camisa, además de hacer que una mujer siempre esté bien arreglada y se vea muy fresca, es seductora. La que llevo ahora es mi última colección, Carolina Herrera New York, porque yo siempre me visto de Carolina Herrera.