Educación por los sentidos

Artículo de Luiz Fernando Carvalho, [traducción de Mario Merlino]

luizConociendo la dimensión que alcanza la televisión en Brasil, me parece bastante cuestionable tratarla sólo como forma de entretenimiento. Necesitamos el entretenimiento, pero también necesitamos orientar y entender el mundo. Mi estética no es más que una pequeña consecuencia de ello.

Pretendo un diálogo entre los que saben y los que no saben; un diálogo sencillo, sobrio y fraternal, en el cual lo que para el hombre de cultura media es adquirido y seguro se convierta también en patrimonio del hombre más común, más pobre, y que se encuentra aún abandonado en muchos aspectos.

Lamentablemente, el cine brasileño se ha convertido hoy en un arte sumamente elitista, se ha convertido en un espectáculo para pocos, para una clase media universitaria y una clase media alta que frecuenta las salas, cuyas entradas están entre las más caras del mundo. En consecuencia, algunos contenidos que a mí realmente me gustaría que llegasen a una clase social excluida, al hombre pobre y común, me parecen hoy más ligados a mi trabajo en la televisión que en el cine.

Por todo ello, sigo creyendo que se vuelve imprescindible que los verdaderos artistas que trabajan en televisión piensen en una nueva misión para este vehículo. Esta nueva misión estaría, según mi modo de sentir, directamente vinculada a la educación. Todo mi esfuerzo será siempre, en primera instancia, proponer una ética artística verdadera para la televisión. Sigo creyendo en esa especie de contradicción entre los electrodomésticos y la cultura, el emisor y el avance de sus contenidos. Mejor dicho: sigo creyendo en la educación por los sentidos.

Los límites estarán siempre más allá de lo que los especialistas prescriben. En la mayor parte de las ocasiones, las normas de la “industria cultural” que tanto orientan a una enorme capa de profesionales me parecen limitativas, y así siguen interrumpiendo nuestra búsqueda de un lenguaje verdadero, esencialmente brasileño, ¡un lenguaje nuestro! Y hasta con potencialidades para competir digna y sólidamente en cualquier mercado.

Por otro lado, nos aguarda un mundo globalizado, con sus armas llenas de fórmulas y modelos de éxito. Estoy en lucha contra esos “monstruos”, o sea: contra la ignorancia, las aberraciones de la razón de los tecnócratas televisivos, sus fórmulas y sus “certidumbres”.

Identidad nacional

Todos los aquí presentes tenemos idea de la enorme caldera cultural aún en ebullición en Brasil y hasta qué punto esta mezcla es la gran responsable de la diversidad temática y narrativa de su producción televisiva.

Además, creo en un patrimonio genético de Brasil: sus historias, sus razas, sus lenguas, sus sonidos: ¡todo sigue vivo! Tengo la impresión de que, como los arquetípos, el patrimonio del país está siempre dispuesto a reencarnarse para continuar así su misión, tanto ética como estética.

Si tuviese que resumir lo que estoy intentando deciros en una palabra, diria: ancestralidad. La ancestralidad es algo que nos permite imaginar más que copiar. Sentir más que describir y explicar. La ancestralidad es una metáfora accesible a todas las clases sociales y que debe, tal como se hace hoy con los bíceps, fortalecerse mediante el ejercicio. Las manifestaciones populares, según mi modo de sentir, están ligadas a esa idea de ancestralidad.

La ancestralidad es lo que hay de más moderno y, al mismo tiempo, más arcaico. Todo se refleja en la ancestralidad, tanto biológica como espiritual.

La idea de la ancestralidad es la idea de un conjunto sensorial, un imaginario lúdico que nos habita, pues sobrevive de nuestros primeros recuerdos. Y si cada uno de nosotros actuase bajo el espíritu del coraje - capaz, sin duda, de impulsarnos en la dirección adecuada -, estos recuerdos y tantas otras imágenes que hemos visto y vivimos con la frescura de la primera vez, resurgirán para ayudarnos en la batalla diaria contra las máscaras fáciles del modelo que se nos ha impuesto.

–PROYECCIÓN*

Como en una cosecha, trabajamos para devolver a Brasil el fruto que el propio pueblo cultivó durante su formación. Los cuentos procedentes de la oralidad popular brasileña fueron la semilla. A los ojos de este mundo globalizado de hoy, siento que es un trabajo que implica una inmensa responsabilidad. Usando un cliché, diría incluso que se trata de un acto de resistencia, ya que no hay país que resista si abandona el benero de  su memoria.

Este serial nació de la alegría que tuve al encontrarme por primera vez, siendo ya adulto, con las fábulas populares. Luego vinieron las pinturas de Cândido Portinari y las cirandas [término que designa la danza creada por el pueblo y que imita el movimiento de las olas, además de las canciones de corro infantiles] recreadas por Villa-Lobos.

Cada uno a su tiempo, todos parecían hablarme de un mismo tema: la emoción brasileña.

Hay, por tanto, en Hoy es día de María, una afirmación del inconsciente brasileño, de esa fuente subterránea brasileña, con la libertad de no ser cerradamente regionalista. Y con mucha delicadeza, porque el elemento que la vincula y guía es el hilo de la infancia, el hilo de la memoria.

Interactividad con la imaginación

Para entrar en ese universo mítico de nuestras primeras historias, propuse a los espectadores un juego con la imaginación.

Siempre me ha interesado la idea de crear un espacio que no fuese la realidad en sí misma, sino que se constituyese como la representación emocional de una realidad determinada, tal como en los sueños.

Quiero decir que no he trabajado con la mentira, no le he mentido al público diciendo: “¡Éste es un cielo verdadero!”; “¡esa casa no está pintada!”; o “¡aquello no es un panel!”. No, todo lo contrario. Propuse un ejercicio tenue de imaginación. Le correspondió a la gran capacidad imaginativa de los intérpretes, sin duda, coger de la mano al espectador y hacerlo entrar en el juego. No es una narración que te aparta del tiempo histórico, una narración glamurosa, falsa, alienante, sino una forma activa, compartida, interactiva, en la que el espectador completa y concede verdad a las convenciones propuestas por el artificio escenográfico.

La palabra

Estoy buscando una dramaturgia que nos represente, que nos revele como país rico en emociones, pero también con sentimientos contradictorios.

Al acercarme a la literatura, estoy escapando de cualquier forma naturalista de puesta en escena, en la que el actor pretende que su actuación se asemeje solamente a “su realidad”.

Entiendo que cierto tipo de naturalismo que se hace hoy con frecuencia, tanto en las telenovelas, en el cine, como incluso en el teatro, no llega siquiera a consolidarse como lenguaje, pues se trata de un vocabulario que dicta el mercado. Y este mismo mercado  parece privilegiar únicamente las consagraciones inmediatas y el atractivo de los intérpretes, no el arte del actor. Es fácil comprobarlo: hay una atrófia de la creación dramática en todos los planos - incluso en el texto -, dado que para determinados “actores” se hace imprescindible un texto adecuado a sus pocos recursos. En otras palabras: nace el texto plano.

Me empeño en un diálogo con la literatura, porque intento reafirmar el valor de la palabra y del lenguaje para la cultura audiovisual  brasileña.

En los días que corren, aún persiste cierto pensamiento arrogante que sitúa el imaginario del país en el sureste: más concretamente, en Río de Janeiro, en São Paulo y después en Bahía, como si este último estado representase a todos los estados nordestinos. Al contrario, el país siempre me ha parecido mucho más extenso en talentos y posibilidades que el visible en los medios oficiales de comunicación. Este aplanamiento de la imagen brasileña acaba produciendo contenidos distorsionados, caricaturescos, y lo peor de todo esto es que muchos de ellos se exportan.

Sigo las palabras de Guimarães Rosa: “La brasilidad es indecible”. ¿Qué más puedo decir? Nada más. Es “indecible” debido a su carácter multifacético. Es justamente este calidoscopio cultural el que propongo a través de mis trabajos para la televisión. Sería tristemente reduccionista hablar de un Brasil tan múltiple mediante representaciones tan oficiales.

Proceso de creación

No apuesto por la acción extravagante de la producción, como ha podido verse en Hoy es día de María, por ejemplo. Trabajamos con los desechos, con los restos de las cosas, con lo que los ojos de los demás desprecian o ven como basura. Nos interesa el reciclaje. Se trata de una idea ligada con el tiempo. El tiempo está en todo y también nos da la conciencia de una perspectiva histórica. Soy un devoto del tiempo.

Hoy es día e María procede, pues, de un antiguo cajón de juguetes viejos, rotos, a los que les faltan piezas y algunas partes, pero que transmiten una alta dosis de imaginación a los ojos de quien va a manipularlos, pues están cargados de sueños humanos.

Soy también un salbaje: apuesto por la imaginación, por la sangre y por el sueño.

Me parece que el espacio de la imaginación de los pueblos es, desde siempre, desde que el mundo es mundo, un espacio salbaje. Salbaje porque pertenece mucho más al inconsciente que a las señas que ha predeterminado la industria del consumo.

Lo salbaje estará siempre asociado a lo indeterminado; en otras palabras, a la infancia, a las pasiones, al estado en bruto, a un flujo de vida que aún no han corroído las fórmulas oficiales del mercado.

Al contrario de lo que se piensa por ahí, no soy indiferente a los números del índice de audiencia, ni simpatizo con lo que hipócritamente se llama “posición independiente”. Si soy independiente, lo soy por necesidad, pero también con cierto dolor. Quiero decir que los pasos que he dado no se dieron con calma de los fuertes, sino forzosamente. Me preparo para realizar mis trabajos como puedo y con todas mis fuerzas, que son sólo mis ideas y mi corazón. No estoy solo por ser indiferente a los modelos que me rodean. Mi caso no es de indiferentismo o independencia, sino de soledad. Y tal vez sea esto, por otra parte, lo que me garantiza cierta objetividad. No tengo detrás de mí a nadie con quien tenga intereses comunes que defender.

2 Comentarios para “Educación por los sentidos”

  1. Mario dice:

    Es una verdadera pena que el cine brasileño tenga un alcance tan reducido como señala Luiz Carvalho. Pero supongo que la televisión y la telenovela como género también puede dotar de contenidos “sociales” que lleguen a públicos de todos los estractos sociales.

  2. Juan dice:

    ” Educación pelos sentidos” es una mirada de poeta y rebeldia necessaria a todas las classes sociales.

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