Las telenovelas, psiquiatras de la pantalla
Por Marta JarArtículo original en http://impreso.milenio.com/node/8550228
Porque nos gusta llorar es la razón que dan los creadores de telenovelas para escribir esos dramas. Al menos ésta fue la tesis que sobrevoló la primera mesa redonda del ciclo “Telenovela: cultura sentimental latinoamericana”, que se celebrará hasta el 31 de marzo en la Casa de América en Madrid. Se trata de un foro de discusión y debate sobre el origen de la telenovela y su influencia en la sociedad.
Abría fuego la mesa “Un bebé aparece abandonado en un portal”, y tras ella estaban los escritores y antiguos guionistas de telenovela Boris Izaguirre, de Venezuela; Santiago Roncagliolo, de Perú; y los expertos del género Reynaldo González, de Cuba, y Nora Mazziotti, de Argentina.
“Las telenovelas son dos personas que se aman y un guionista que hace lo imposible para que no se junten. Y en esta mesa tenemos a algunos de esos guionistas a los que tanto odiamos al ver las novelas.”
Abundaron las anécdotas que definen perfectamente el género televisivo por excelencia en Latinoamérica y a su creador, Félix B. Caignet.
Reynaldo González fue el encargado de introducir al auditorio a este personaje “del que nadie sabe mucho, ni siquiera cuántos años estudió en el colegio. Lo que sí se sabe es que fue compositor sin haber estudiado nunca música y pintor sin tener ni idea de pintura. Su escuela fue la calle”.
Y de la calle salieron precisamente las historias con las que se nutrieron las primeras radionovelas emitidas en Cuba y madres de la telenovela actual.
“Caignet salía a la calle después de la emisión de un nuevo capítulo para ver las reacciones de la gente. A partir de lo que oía, volvía a casa y escribía los siguientes episodios”, explicó González.
El derecho de nacer, La esclava Isaura o Lucecita fueron algunas de las novelas que se repasaron en la mesa redonda, con especial atención a la tercera de ellas, de la que Santiago Roncagliolo fue guionista.
Según el autor peruano, “los argumentos de las telenovelas son tan inverosímiles que el trabajo del buen escritor es hacerlos creíbles. Por ejemplo, en Lucecita, la protagonista era una campesina pobre e inculta que llegaba a la ciudad. La actriz fue Angie Cepeda, alta y rubia: nadie se la podía creer en ese papel. Pues bien, la cosa funcionó”.
La cuestión, según los expertos, no es si algo es creíble o no en las telenovelas. Se trata de situaciones extremas, muchas veces absurdas, pero que sirven al público para evadirse todos los días. Reynaldo González opina que “la gente no llora por el drama de los personajes, así que da igual que no sea muy creíble. El público llora por su propia vida. En cuanto ven alguna similitud con su vida real, se echan a llorar y así se desahogan de sus propios problemas a través de la historias de la televisión. Si todo el mundo viese una telenovela, no tendrían que existir los psiquiatras”.
Por Marta Jar (DPA)/Madrid