UNA VISIÓN ESTÉTICA DE LA NARCOVIOLENCIA
Elmer Mendoza (México)
09.10.2010. Vive en la ciudad en la que nació,Culiacán. AllÃ, como en otras zonas de México, el narcotráfico desarrolla una intensa actividad delictiva en un contexto de extrema violencia. Este autor ha encontrado en ese escenario un inagotable universo creativo repleto de tramas y personajes que le han llevado a conformar una excelente obra literaria. Como ha descrito la crÃtica, Mendoza "convierte en literatura cara el lenguaje de los bajos fondos".
BiografÃa Elmer Mendoza
Estudió Letras Hispánicas en la UNAM. Formó parte del Sistema Nacional de Creadores de Arte de México de 2000 a 2006 y es miembro de El Colegio de Sinaloa, institución dedicada a la difusión cultural de dicha región. Su obra ha sido traducida al portugués, italiano, ruso, alemán, francés e inglés. Colabora regularmente en el periódico El Universal de México y eventualmente en El PaÃs de España y en Il Manifesto de Italia. Es uno de los principales impulsores de la estética de la violencia y dirige una exitosa escuela de creación literaria en su ciudad.
Ha publicado las novelas Balas de plata (III Premio Tusquets de Novela, 2007); Cóbraselo caro (Tusquets, 2005); Efecto tequila (Tusquets, 2004); El amante de Janis Joplin (Tusquets, 2001. Premio José Fuentes Mares 2002) y Un asesino solitario (Tusquets, 1997). También ha escrito los volúmenes de cuentos Firmado por un klinex (Tusquets, 2009); El amor es un perro sin dueño (Cuadernos de Malinalco, 1992); Trancapalanca (1989); Cuentos para militantes conversos (Universidad Autónoma de Sinaloa, 1987); Quiero contar las huellas de una tarde en la arena (Cuchillo de Palo, 1984) y Mucho que reconocer (B. Costa-Amic Editor, 1978); los libros de crónicas sobre el narcotráfico Buenos muchachos (Cronopia Editorial, 1995) y Cada respiro que tomas (Difocur, 1992). En otra faceta literaria más, es autor de las obras de teatro infantil El viaje de la tortuga panza rosa y El flautista de Hamelin.
Toda buena historia que se precie se nutre permanentemente de diferentes tipos de conflictos y la violencia, la barbarie, es la expresión máxima de esas luchas que dan aliento y acompañan a cada una de las tramas y subtramas literarias, pero vivimos una época en la que las formas extremas de violencia de la vida real (América Latina no es una excepcion) parecen haber dado un nuevo impulso, un nuevo prisma desde el que encarar el texto literario. ¿Se trata de una novedad que está transformando la forma en que se narran las historias o se trata de un fenómeno que siempre estuvo allÃ, vinculado intrinsecamente a la especie humana (y a la literatura)? ¿Será verdad, como decÃa Kavafis, que tal vez los bárbaros sean, después de todo, la solución?