Gloria Guardia

<p>Se inició muy joven en la literatura. A los 21 años, publicó por primera vez su novela Tiniebla Blanca (Cultura Clásica y Moderna, 1961) que le mereció ese año en Madrid la medalla de oro de la Sociedad de Escritores Españoles e Iberoamericanos y el Premio Nacional Ricardo Miró (Panamá), de novela y ensayo. </p><p>No ha parado de ganar premios y ser reconocida como novelista y ensayista. Pero su labor de escritora también es avalada por los académicos, esta semana por unanimidad fue incorporada a la Academia Nicaragüense de la Lengua como miembro correspondiente, por su aporte a la novela contemporánea, sus estudios sobre los escritores nicaragüenses y sus méritos en defensa de los valores culturales y democráticos, según expresa Jorge Eduardo Arellano, director de la Academia.</p><p>Gloria Guardia tiene 67 años, es una de las novelistas más publicadas de Panamá por la editorial Alfaguara. En su trayectoria, desde 1998 preside la Fundación Iberoamericana del P.E.N. Internacional y fue elegida Vicepresidente Mundial de este organismo en mayo de 2006, conjuntamente con los escritores Toni Morrison, de Estados Unidos y John Coetzee, de Sudáfrica.</p><p>Actualmente vive en Bogotá desde hace doce años, y sus vínculos con Nicaragua le vienen directamente de ser la nieta del prócer nicaragüense Benjamín Zeledón. </p><p><b>-¿Cómo le llega esta incorporación a la Academia de la Lengua Nicaragüense?</b><i> </i></p><p>Me siento muy honrada con esta elección, que tengo entendido fue unánime y estoy muy agradecida, porque siempre cuando me preguntan mi nacionalidad, digo que soy panameña-nicaragüense porque así lo siento. Mi patrimonio lo forman Panamá y Nicaragua en lo personal e histórico. Como escritora le he dedicado muchísimos estudios a Nicaragua, a Pablo Antonio Cuadra, Ernesto Cardenal y Rubén Darío. He estudiado la obra de los nicaragüenses, una de mis tesis fue la formación del Movimiento Modernista y después vino el estudio sobre el pensamiento poético en Pablo Antonio Cuadra. Ahora acabo de publicar un libro Pablo Antonio Cuadra, poeta y pensador cristiano, que es un estudio tras su muerte; de él, como pensador cristiano y hago una comparación de él con María Zambrano que fue muy amiga suya. </p><p><b>-Aunque las academias se abren más, hay pocas mujeres en ellas.</b></p><p>Esto tiene que ver con una razón de Estado. Cuando se funda la Academia Francesa —que es como la madre de la Academia Española— deciden que las mujeres no van a entrar a las academias porque era como tener control sobre la lengua y sobre todo, era un medio que el rey controlaba y el rey acuerda regir la Ley Salica. Cuando la Academia se funda en España en 1713, se impone esta ley, pero sucede algo muy curioso, cuando publican el Diccionario de Autoridades en el Siglo XVIII es nada menos que Santa Teresa de Jesús unas de las autoridades de la Lengua y su huella queda. Cuando está Juan Carlos I y asume una nueva Constitución, lo primero que hace es elegir a Carmen Conde en la Academia y es la primera mujer. Sin embargo, las iberoamericanas ya habían incorporado a Juana de Ibarbourou, las nuestras eran muchos más abiertas que la real. No somos muchas las que hay pero estamos. </p><p><b>-¿Cómo se imagina una academia dominada en número por mujeres?</b></p><p>Igual. Lo importante no es el número sino la calidad, que la presencia sea y tenga una trascendencia en las letras, y creo que las mujeres estamos más abiertas, quizás esa sería la diferencia: acogeríamos a un número mayor de hombres y mujeres; recuerda que las mujeres somos madres y esto lo vimos en la Presidencia de Doña Violeta de Chamorro, una mujer abierta que llevó a la concordia y a la paz. En una Academia predominante de mujeres, la nota sería el diálogo y la concordia. </p><p><b>-¿Su discurso de ingreso a la Academia versó sobre Rubén Darío?</b></p><p>Sí. La mirada de Orfeo que marca a Dante como a Darío porque es la musicalidad, la numerología, es el ocultismo que hay en los tres: Orfeo es la música, la retoma Pitágoras y pasa a Virgilio y de él pasa a Dante y lo recoge Rubén, tras esa genealogía poética. Y la huella de Dante y Orfeo está clara en Darío. </p><p><b>-¿Pero usted ha sido reconocida además por otras academias del extranjero?</b></p><p>Sí. Soy miembro de la Academia Española y de la Colombiana de la Lengua y numeraria de Panamá. Me eligieron en 1984 en la Academia Panameña de la Lengua, después me eligió la Real Academia Española y después la Colombiana y mi discurso en Colombia fue sobre Pablo Antonio Cuadra, se llamó La Palabra Mito-poética en la obra de PAC, ese fue mi discurso de recepción en la Academia colombiana en 1997. </p><p><b>-¿Por qué dice Darío: “de las Academias líbranos Señor”?</b></p><p>Creo que en ese momento la Academia estaba muy cerrada. Hoy la Academia es otra cosa. Por ejemplo, acabo de participar como delegada por Panamá en el XXIII Congreso de las Academias en Medellín y, luego, en el IV Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua. El perfil de las academias ha cambiado, es un perfil muy abierto que incorpora y no rechaza, hay que ver la Academia de 1890 y la de 1916 cuando muere el poeta. Hoy es una corporación abierta al pensamiento contemporáneo y a los escritos contemporáneos. </p><p><b>UNA VIDA EN LAS LETRAS</b></p><p><b>-¿Su vida ha estado consagrada a las letras como se ve ahora?</b></p><p>Sí. He dedicado mi vida al estudio de las letras, filosofía y la historia que son mis tres pasiones aparte de mi esposo y mi familia. Académicamente, para comprender la literatura hay que tener un conocimiento bastante agudo de la historia y también de la filosofía porque hoy todas las interpretaciones como la crítica literaria no se puede aislar de la filosofía. A partir de 1960 son los filósofos los que marcan las pautas para interpretar la literatura. </p><p><b>-Empezó en la novela muy joven ¿cómo ha sido su trayectoria?</b></p><p>La primera trayectoria en novela fue a mis 21 años cuando publiqué Tiniebla Blanca, que ganó en Madrid el premio de la Sociedad de Escritores Españoles e Iberoamericanos. Con los años sigo haciendo ensayos y termino mi novela antes de graduarme con los títulos correspondientes. En 1966 gané el Premio Miró con El Despertar sin Raíces, una novela que no quiero que quede entre mi bibliografía porque no estoy plenamente satisfecha. Después de eso escribo El Último Juego, que gana el Premio Centroamericano de Novela que lo premia Ángel Rama, José Emilio Pacheco que en ese momento lo había convocado Sergio Ramírez a través de la Editorial EDUCA. </p><p>Se tradujo al ruso y se vendieron 300 mil ejemplares. Sigo escribiendo ensayos y me comprometo en la lucha contra la dictadura de Torrijos y Noriega, y en esos años me dedico al periodismo. Tenía una columna con la Agencia Latinoamericana ALA y escribo ensayos críticos y publico Cartas Apócrifas, que son cartas de mujeres y ahí está mi posición feminista, esas cartas reciben el Premio Nacional de Cuentos en Colombia en 1996 y son cartas escritas a la manera de Santa Teresa de Jesús, Virginia Wolf, Teresa de la Parra, Simone Weil, Isak Dinesen, que demoró algún tiempo porque quise fundir el género de la crítica con el de la novela. Luego viene Libertad en Llamas que es sobre Nicaragua, dedicado a la memoria de mi madre, Olga Zeledón Ramírez, hija de Benjamín Zeledón que es la que me infunde su amor por Nicaragua. </p><p><b>-¿En qué proyecto está ahora?</b></p><p>El año pasado, la editorial Alfaguara lanzó la segunda parte de la trilogía Maramargo. La novela que estoy trabajando es El Jardín de las Cenizas que para este último libro, la Fundación Rockefeller me becó con el fin de que redacte el último tomo de la trilogía Maramargo que inició con la novela El Último Juego y Lobos al Anochecer (Alfaguara, 2006) que cubre 97 años de la historia de Panamá, de 1903-1999 cuando los americanos entregan el Canal de Panamá a sus legítimos dueños. </p><p><b>-¿Cómo le ha ido con Lobos al Anochecer?</b></p><p>En seis semanas se agotó la primera edición. Fue el libro más vendido en Panamá en el 2006. También se agoto en la Feria del Libro de Buenos Aires y ya está en la segunda edición. También fue presentada por Sergio Ramírez en el Teatro Nacional Rubén Darío, el año pasado.</p>