Cien años entre España y América, entrevista con Nicolás Sánchez-Albornoz
En el año de su centenario, Nicolás Sánchez-Albornoz concedió una entrevista a la Casa de América en la que hace balance de una vida que él mismo define como “bastante azarosa”. Al mirar atrás, asegura que le resultan “gratos los recuerdos que ahora me hacen repasar la vida”, una existencia marcada por tres exilios, la cárcel franquista y una extensa trayectoria académica entre Europa y América.
Su infancia quedó atravesada por la Guerra Civil: pasó años en Francia durante el conflicto y regresó después a España, donde inició sus estudios universitarios. Pronto, su oposición al régimen franquista —“disgustado con el régimen y sobre todo con el tipo de enseñanza que nos tocaba”— lo llevó a organizar una agrupación estudiantil contraria a la dictadura. El resultado fue la cárcel y un consejo de guerra que lo condenó a seis años.
Fue enviado a Cuelgamuros, donde decidió no resignarse: “Evidentemente yo no tenía el deseo de pasarme seis años en Cuelgamuros”. Junto a Manuel Lamana, protagonizó una fuga que implicó cruzar clandestinamente la frontera francesa tras varios días a pie. Desde allí partió a Argentina, donde se reencontró con su padre tras nueve años sin verse.
En Buenos Aires rehízo su carrera académica —“no me reconocieron ninguna asignatura, pero terminé la carrera”— y pronto obtuvo cátedras universitarias. Sin embargo, la irrupción de la dictadura de Onganía supuso un tercer exilio. Tras la represión en la Universidad de Buenos Aires, renunció a enseñar “en las condiciones impuestas por los militares” y aceptó una invitación de la Fundación Ford para incorporarse a la New York University, donde ejerció durante aproximadamente veinticinco años.
Su vocación investigadora se orientó hacia América Latina, en parte gracias a una temprana dedicación a la arqueología en la Patagonia. Frente a una historia centrada en próceres y procesos institucionales, él se inclinó por las sociedades indígenas. De esa línea de trabajo surgió uno de sus libros más difundidos, dedicado a la población de América Latina desde la prehistoria hasta la actualidad, con “seis o siete ediciones en español, una edición en inglés” y recientemente traducido al chino, algo que le produce especial satisfacción.
En el terreno político actual, su diagnóstico es tajante. Sobre Argentina y el gobierno de Javier Milei, resume su valoración en una sola palabra: “mal”. Considera que se trata de un gobierno “pintoresco” y “exaltado” que no ha resuelto los problemas económicos del país. En cuanto a Estados Unidos y la política de Donald Trump hacia América Latina, habla de “avasallamiento” y denuncia el desprecio por el derecho internacional, en una dinámica histórica de injerencias que, a su juicio, no resuelve los problemas de la región.
Respecto a España, advierte de un “desconocimiento” entre los jóvenes sobre lo que fue el franquismo y la larga dictadura. Cree que “no hay información suficiente” y que existe un “desconcierto muy grande, inducido además por algunos de los políticos actuales”. No obstante, confía en que esa falta de memoria no tenga efectos duraderos: “La diferencia es tan blatante que tarde o temprano se va a saber el costo para España de esa larga dictadura”.
Sobre el homenaje que recibe en la Casa de América, se muestra agradecido y humilde. Considera que la institución “se ha plegado a la serie de homenajes que han ido surgiendo con motivo del centenario” y afirma que no puede “menos que agradecer a quienes han aprovechado la ocasión para invitarme y recordar y dar muestras de simpatía por mi historia y por la historia que he hecho”. A sus cien años, Sánchez-Albornoz encarna una biografía que atraviesa la Guerra Civil, el franquismo, las dictaduras latinoamericanas y el exilio intelectual, siempre con América Latina como horizonte central de su labor histórica.