Desmontando los mitos sobre Tlaxcala
27/2/26. Entrevistamos al Divulgador Cultural mexicano Iván Pérez Corona y dialogamos sobre los relatos simplificados sobre la conquista y el papel de Tlaxcala en la historia de México.
Uno de los ejes centrales de la conversación fue la persistente polémica en torno a la alianza entre los tlaxcaltecas y Hernán Cortés. Para Pérez Corona, el problema radica en una lectura anacrónica del pasado: “todavía existe esta creencia de que el Estado Nación México que existe hoy es el mismo que existía en 1519”. Desde esa premisa errónea surge la acusación de traición. Él lo desmiente con rotundidad: los tlaxcaltecas “no traicionaron a nadie”.
Frente a la idea de una conquista unilateral, propone una interpretación geopolítica más compleja. “La conquista de Tenochtitlán no inició en 1519… inició en 1504”, explica, aludiendo al estado de guerra previo entre distintos pueblos mesoamericanos. En su visión, la caída de Tenochtitlán fue “la conclusión de esa guerra”, y los hispanos llegaron “como un actor beligerante más”. Así, más que una simple invasión, se trataría de la culminación de dinámicas internas mesoamericanas en las que los tlaxcaltecas actuaron como protagonistas.
En cuanto a los privilegios obtenidos tras la alianza, matiza tanto las visiones idealizadas como las condenatorias. Es cierto que los tlaxcaltecas gozaron de exenciones fiscales y que once linajes nobles recibieron escudos de armas, pero subraya que esas distinciones eran la institucionalización de casas señoriales ya existentes. Además, esos privilegios “muchas veces fueron transgredidos” y, aunque se repite que no pagaban impuestos, “las fuentes históricas nos dicen que sí pagaron impuestos y pagaron muchos”. Los pleitos legales en defensa de sus prerrogativas muestran que la legislación indiana no fue simplemente “letra muerta”, pero tampoco un paraíso jurídico.
Respecto a las llamadas repúblicas de indios, sostiene que sí fueron espacios reales de autogobierno. En el caso de Tlaxcala, afirma, conservaron su sistema político adaptado al marco hispano y “las mismas familias que gobernaban Tlaxcala antes de la llegada de Hernán Cortés lo siguieron haciendo prácticamente hasta el final del mismo virreinato”.
Pérez Corona apoya su análisis en un amplio corpus documental: la Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala de Diego Muñoz Camargo, la Historia cronológica de la noble ciudad de Tlaxcala de Juan Buenaventura Zapata y Mendoza, el Lienzo de Tlaxcala y diversos códices y actas de cabildo del siglo XVI. A su juicio, este acervo permite reconstruir con claridad la realidad política y social de la época.
Tras la independencia, sin embargo, cambió radicalmente la percepción pública de Tlaxcala. El nuevo Estado mexicano, marcado por un fuerte sentimiento antiespañol, impulsó un discurso que estigmatizó a los antiguos aliados de los hispanos. “Es en el siglo XIX… cuando surge este estigma de la traición tlaxcalteca”, explica. Paradójicamente, los tlaxcaltecas perdieron entonces parte de la autonomía que habían conservado durante el virreinato, al dejar de elegir a su propio gobernante.
En cuanto a los mitos actuales, identifica dos extremos igualmente problemáticos: la idea de que Tlaxcala fue traidora y la noción de que vivió un “paraíso terrenal” bajo dominio hispano. Ni lo uno ni lo otro. Como cualquier sociedad, enfrentó tensiones, impuestos y conflictos. Y lanza una reflexión provocadora: si se leen las fuentes, muchos pueblos indígenas “se sintieron más como los tlaxcaltecas, como conquistadores, más bien que conquistados”.