Rafael Aita reivindica la continuidad cultural entre el mundo prehispánico y el virreinato del Perú
En esta entrevista con la Casa de América, el escritor peruano Rafael Aita reflexiona sobre la relación entre los debates ideológicos contemporáneos y la forma en que se interpreta la historia de América. A su juicio, existe un vínculo directo: “todas estas corrientes están basadas en filosofías que surgieron luego de un quiebre con la filosofía de la hispanidad”.
El autor sitúa ese quiebre en la Ilustración y la Revolución francesa, que habrían desplazado la tradición intelectual aristotélica, escolástica y tomista desarrollada en la Escuela de Salamanca. Frente a ese legado, critica las corrientes posmodernas, deconstructivas y colectivistas actuales, a las que acusa de haber generado “un caos social que prácticamente nos coloca al borde del colapso de la civilización”.
En este marco, Aita vincula el auge de las corrientes indigenistas y decoloniales con estas mismas bases filosóficas. A su entender, la llamada “leyenda negra” contemporánea no responde tanto a dinámicas históricas del siglo XVI como a construcciones ideológicas actuales: “la leyenda negra del día de hoy está basada en formas de pensamiento muy claras”, asociadas a una lógica de confrontación entre “opresor y oprimido”.
Frente a esta visión, reivindica el concepto de Logos propio de la tradición hispánica, que, según explica, buscaba la integración y la unidad: “nuestro Logos buscaba la unión, la integración, de ahí es donde viene el mestizaje”. Por ello, propone superar la lógica de conflicto permanente y recuperar una visión más integradora de la historia.
Aita también subraya la continuidad cultural entre el mundo prehispánico, el virreinato y la actualidad. Pone como ejemplo los Andes, donde afirma que “no ha habido un quiebre, más bien veo una continuidad”, visible en el barroco, las tradiciones religiosas y la vida cotidiana.
Asimismo, cuestiona los relatos que reducen la presencia española a violencia y expolio. Aunque no niega los conflictos, sostiene que esa visión es incompleta y contradice la evidencia material: “no se puede decir que los españoles llegaron solamente a robar, matar y saquear con todo el legado que encontramos”, como universidades, hospitales o escuelas artísticas.
En contraste con otros modelos coloniales, Aita destaca el carácter integrador del mundo hispánico, señalando el mestizaje y la pervivencia indígena como rasgos diferenciales: “¿dónde están allá los indígenas? ¿dónde están los mestizos?”, se pregunta al comparar con países como Estados Unidos o Australia.
Finalmente, pone el foco en un aspecto menos conocido: las alianzas entre la Corona española y las élites indígenas. Estas, explica, fueron reconocidas como nobles y mantuvieron su estatus durante el virreinato: “fueron reconocidos como los herederos de sus imperios y vivieron como tales durante 300 años”. Según Aita, el verdadero quiebre llegó con las independencias, cuando estas élites perdieron sus privilegios: “las repúblicas les quitaron todo”.