La poética y la política juegan juntas en el arte y en el cine

Entrevista con... Tania Hermida

Entrevistamos a la cineasta ecuatoriana Tania Hermida a propósito de sus películas Qué tan lejos (2006) y La invención de las especies (2024), exhibidas en el marco del VIII Festival de Cine por Mujeres. Dos obras en las que las protagonistas —Tristeza e Isla— parecen existir y presentarse más desde el “estar” que desde el “ser”, una apreciación lingüística tan propia del español que Hermida convierte en una clave narrativa central. Su cine, atravesado por el viaje y la deriva, propone personajes que se definen en tránsito: mujeres que, al perderse, encuentran en el lenguaje una forma de reingresar al mundo, de narrarse a sí mismas y de reclamar una identidad propia. Nombrarse, en ese sentido, es ya un gesto político.

Formada en la prestigiosa Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, Hermida pertenece a una generación de cineastas latinoamericanos que, desde principios de los 2000, renovaron las formas de representación del territorio y la subjetividad. Qué tan lejos, su ópera prima, se convirtió en una película clave dentro del cine ecuatoriano contemporáneo: una road movie atípica, atravesada por el humor, la reflexión identitaria y una mirada crítica sobre el país. Su recepción internacional situó a Hermida como una de las voces más singulares de la región, capaz de dialogar tanto con las tradiciones del cine independiente como con referentes como Wim Wenders o Jim Jarmusch, cuyas exploraciones del viaje y el desplazamiento marcaron sus primeros intereses.

En la entrevista, la directora profundiza en el papel de Ecuador dentro de su filmografía, casi como un personaje más. Filmar en los Andes en Qué tan lejos o en las Islas Galápagos en La invención de las especies responde tanto a una geografía emocional como a una voluntad de relectura del territorio. “No es solo el paisaje —apunta—, es la memoria que ese paisaje activa”. En el caso de su debut, la carretera nace de una intuición temprana: durante su etapa en Cuba ya imaginaba una película que transcurriera en movimiento, pero no en cualquier lugar, sino en esos caminos andinos que había recorrido de niña, cargados de simbolismo.

Su trabajo más reciente, rodado en Galápagos, marca un giro significativo en su aproximación al espacio. Tradicionalmente asociado a la figura de Charles Darwin y a la teoría de la evolución, el archipiélago aparece aquí despojado de su mirada científica dominante para abrirse a otras narrativas. Hermida explica cómo, en una de sus visitas, las islas dejaron de presentarse como un objeto de contemplación para convertirse en sujetos de relato: “Me interesaba pensar qué historias humanas han quedado fuera de ese imaginario”. El resultado es una película que tensiona la frontera entre naturaleza y cultura, y que propone una forma de habitar el territorio desde la escucha.

En ese cruce entre poética y política se inscribe toda su obra. Hermida reivindica una manera de hacer cine que, sin renunciar a la belleza formal, asume una dimensión crítica. En este punto, recuerda la influencia decisiva de su maestro Fernando Birri, figura fundamental del Nuevo Cine Latinoamericano, quien defendía que “la poética y la política juegan juntas” en el arte. Esa herencia, reconoce, ha permeado incluso en la construcción de sus personajes: con el paso del tiempo, ha identificado en ellos ecos de Birri, especialmente en los interpretados por el actor Pancho Aguirre a lo largo de su filmografía.

El contexto de exhibición tampoco es menor. El Festival de Cine por Mujeres, celebrado anualmente en Madrid, se ha consolidado como una de las principales plataformas en España para visibilizar el trabajo de cineastas mujeres y cuestionar las dinámicas de representación en la industria audiovisual. Desde su creación en 2018, el certamen no solo ha ampliado la presencia de directoras en pantalla, sino que ha generado espacios de debate profesional, encuentros y redes que buscan corregir desigualdades estructurales. En su octava edición, el festival ha reunido una programación diversa, con especial atención a cinematografías periféricas y miradas autorales que escapan de los circuitos comerciales dominantes.

Para Hermida, este tipo de espacios son fundamentales porque “activan conversaciones específicas”. Una misma película —señala— puede generar lecturas muy distintas según el contexto en el que se proyecte. En ese sentido, valora especialmente que el festival funcione como un lugar de encuentro entre profesionales, donde es posible hablar de diversidad de miradas sin encasillar los temas en función del género. “No se trata de definir de qué deben hablar las mujeres —afirma—, sino de ampliar el campo de lo posible”. La directora subraya, además, la importancia de que nuevas perspectivas entren en juego, enriqueciendo un ecosistema cinematográfico que durante décadas ha estado marcado por la homogeneidad.

La conversación con Tania Hermida deja entrever una filmografía coherente y en evolución, donde el viaje —físico, lingüístico y simbólico— sigue siendo el motor. Sus películas no buscan respuestas cerradas, sino abrir preguntas sobre la identidad, el territorio y la capacidad de narrarse. En un momento en que el cine latinoamericano continúa redefiniendo sus márgenes, su obra se confirma como una apuesta por habitar la incertidumbre y convertirla en relato.

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