literatura

Héctor Abad Faciolince

"En la guerra la muerte no es de uno solo… la muerte es colectiva"

Entrevista con Héctor Abad

Entrevistamos a Héctor Abad a propósito de su nuevo libro: Ahora y en la hora, que será objeto de un club de lectura en la Casa de América. El libro nace de un viaje que, en principio, no tenía nada de bélico. «Fue un viaje esencialmente literario. No era un viaje de corresponsal ni de periodista de guerra», recuerda. A mediados de 2023 viajó a Ucrania invitado por dos jóvenes editoras que habían publicado El olvido que seremos en ucraniano. A ese plan se sumó su amigo Sergio Jaramillo, impulsor de la campaña “Aguanta Ucrania”. Lo que debía ser una presentación en la Feria del Libro de Kiev se transformó, casi sin darse cuenta, en un recorrido hacia el Donetsk. «Me sentí como metido en un río que me arrastraba», admite Abad, que incluso ocultó a su familia que se acercaría al frente.

Ese trayecto culminó en Kramatorsk la noche en que cayó un misil ruso sobre una pizzería donde cenaban. La escena está narrada en el libro con la precisión de quien revive cada detalle: «En un momento dado yo me cambié de silla porque oigo mal por este oído… y Victoria ocupó mi lugar». Ese simple gesto resultó decisivo. Minutos después, mientras brindaban discretamente, «cayó algo que yo sentí que venía del centro de la tierra». Era un misil Iskander ruso. «Lo último que pensé al caer fue: nos mataron», rememora. En el impacto murieron trece personas, entre ellas unas gemelas de 14 años. Victoria Amelina, la escritora ucraniana que los acompañaba, parecía ilesa en un primer momento, «erguida, vestida de negro, pero sin responder cuando le gritaban su nombre». Falleció tres días después.

Ese episodio, sumado a una operación a corazón abierto de la que Abad aún se recuperaba, dio forma al título del libro. La muerte, dice, dejó de ser un concepto individual para convertirse en experiencia compartida: «En la guerra la muerte no es de uno solo… la muerte es colectiva, la muerte es nuestra». Por eso siente que, en aquella mesa, «nos morimos todos al mismo tiempo» y que desde entonces mantiene con Sergio, Dima y Catalina «la hermandad de habernos muerto juntos».

La escritura del libro llegó en contra de su deseo. «Yo no lo quería escribir, lo que quería era olvidarme de eso que había pasado», confiesa. Estaba deprimido, exhausto, y sin embargo sintió una obligación moral: «Sentía la responsabilidad de darle voz a Victoria Amelina, que ya no tenía voz». Habla de ella con la familiaridad de una amistad póstuma: «Me volví amigo de ella después de su muerte. Empecé a decirle Vika, como le decían sus amigos».

La vulnerabilidad atraviesa todo el texto. Abad reconoce que esta es una obra escrita desde la edad tardía y sus límites físicos. «Uno siente que el horizonte de la muerte es algo más cercano», dice. Sus achaques —la sordera, la pérdida del gusto y el olfato— aparecen incluso como un elemento narrativo que lo salva: «Me cambio de puesto por un achaque de la edad… y es la vejez la que me salva». También relata coincidencias que bordean lo fantasmagórico, como el anillo de matrimonio que hoy lleva grabado “Victoria”, el nombre de su abuela, pero que él no puede desvincular de Amelina: «Voy a llevar siempre a Victoria en mi mano».

El libro que finalmente llegó a las librerías también es fruto de la labor de sus editoras, a quienes Abad compara con montajistas cinematográficas: «Ellas montaron este libro como se monta una película de un director de cine muerto».

Hablamos también de la guerra en Ucrania. Abad recuerda que es una tragedia antigua, un país marcado por invasiones sucesivas, y denuncia la agresión rusa con dureza: «Rusia no es una potencia económica ni tecnológica; es simplemente un país minero y una potencia militar». Critica igualmente el giro geopolítico tras la elección de Trump: «A él le gustan los hombres fuertes como Putin», afirma, y lamenta lo que ve como un abandono estadounidense. Aun así, sostiene que «Ucrania existe más que nunca» y que, incluso si se ve obligada a ceder territorio, «ha demostrado su existencia» frente al proyecto imperial ruso.

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