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Bernardo de Gálvez y la presencia de España en México y Estados Unidos

Bernardo de Gálvez y la presencia de España en México y Estados Unidos

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Exposición Bernardo de Gálvez y la presencia de España en México y Estados Unidos, centrada en la figura de este político y militar y en la huella española tanto en México como en Estados Unidos durante el siglo XVIII.

Con esta muestra se pretende reconocer la destacada trayectoria política y militar de Gálvez, quien llegó a ser gobernador y capitán general de Luisiana y las Floridas, así como Virrey de Nueva España. Por otro lado, se quiere rememorar la historia compartida de tres naciones: España, Estados Unidos y México.

A través de un recorrido expositivo se rinde homenaje a uno de los militares más brillantes que ha tenido el Ejército español a lo largo su historia, Bernardo de Gálvez, a quien además se le ha concedido recientemente la ciudadanía de honor de los Estados Unidos por su contribución a la independencia del país.

Se impartirá el taller infantil 'Conoce y colorea a los soldados de Gálvez' los días 30 de enero, 13 y 27 de febrero, y 5 de marzo de 2016, de 11.45 a 13h. La edad de los talleres es para niños entre 5 y 9 años.

Los días 6 y 20 de febrero hay visita temática a la exposición, 'Los soldados del siglo de las luces', además de una charla para conocer las banderas e indumentaria de los soldados de Gálvez y nociones sobre la vida militar en la época de la ilustración (Siglo XVIII).

Fecha: del 4 de diciembre de 2015 al 12 de marzo de 2016.
Hora: de lunes a viernes de 11.00 a 15.00 y de 16.30 a 19.30.
Sábados de 11.00 a 15.00 (y también los días 24 y 31 de diciembre de 2015). Domingos y festivos cerrado.
Entrada libre hasta completar aforo.

Se pueden realizar visitas guiadas y apuntarse a los talleres contactando previamente a través de este teléfono: 676292627.

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La muestra se divide en cuatro espacios, que albergan más de un centenar de piezas de gran valor histórico, artístico y documental.

La primera de las salas está dedicada a la España de Bernardo de Gálvez, una gran potencia mundial, poseedora de inmensos territorios en América. Diferentes vídeos y documentos muestran cómo era la vida en la corte y cuál era la posición de España en el escenario internacional.

En un segundo y tercer espacio se documenta la huella de nuestro país en México y Estados Unidos, gracias a piezas como el modelo original de la escultura de Gálvez a caballo, realizada por Juan de Ávalos y que el Rey Don Juan Carlos regaló a EE.UU. en 1976, o mapas como del Reino de Nuevo México, datado en 1779.

Un cuarto bloque está centrado en documentar las principales campañas en las que participó el coronel. Para ello, la exposición ofrece reproducciones de los uniformes que vistió, documentación sobre los honores que recibió por parte del Rey o los planos de la toma de Pensacola, que muestran la estrategia de aquella histórica batalla. Para acceder al último espacio, el público ha de atravesar la recreación de una trinchera en tamaño real similar a la utilizada en ese asedio. En la última parte, una serie de objetos relacionados con el ámbito bélico muestra la actuación militar de España en el golfo de México entre 1780 y 1781. En esta última sala también se expone por primera vez el óleo realizado por Augusto Ferrer Dalmau para ilustrar la batalla de Pensacola. 

La exposición, que se completa con un cortometraje, realizado expresamente para esta ocasión y titulado Los soldados de Gálvez, tiene como comisario a José Manuel Guerrero Acosta, teniente coronel de ingenieros de la Subdirección de estudios históricos del Instituto de Historia y Cultura Militar. 

 

José Carlos de la Fuente Chacón.
General Director del Instituto de Historia y Cultura Militar.

"El Ejército de Tierra ha querido sumarse al esfuerzo que, por dar a conocer la figura del teniente general Bernardo de Gálvez, conde de Gálvez, lleva haciéndose a ambos lados del Atlántico desde hace unos años por entidades particulares y oficiales. Para ello ha organizado, entre otras actividades, esta exposición, cuyo objetivo es el de divulgar el conocimiento de nuestra historia militar y dar a conocer aspectos humanos y sociales de la misma.

En la organización de dicha muestra el Instituto de Historia y Cultura Militar, como órgano responsable de la difusión y la protección del patrimonio material e inmaterial del Ejército, ha querido exhibir ejemplos de la riqueza de nuestros archivos y museos militares, complementándolos con fondos de otras instituciones. La muestra se centra no solo en la figura de Bernardo de Gálvez y su trayectoria vital, sino también en la presencia de España en México y EE.UU. Para ello hemos contado con la entusiasta y valiosa colaboración de la Casa de América, así como con el imprescindible y generoso patrocinio de Iberdrola.

Españoles universales, tanto civiles como militares como Bernardo de Gálvez, han dejado en las páginas de la historia común de España y América valores que bien merecen recordarse: valentía ante el peligro, iniciativa ante lo desconocido, magnanimidad en el triunfo, buena administración, abnegación, don de gentes, sentido de estado, lealtad… todos ellos atesoró Gálvez y los demostró ante las difíciles circunstancias en las que se encontró en muchos momentos de su vida, en la guerra frente a un enemigo poderoso, y en la difícil administración de la paz.
Esperamos que esta exposición sirva para que la propia figura de Bernardo de Gálvez, la huella que dejó en México, así como la ayuda que prestó al nacimiento de una joven nación, los Estados Unidos de Norteamérica, que recientemente le han distinguido con el título de Ciudadano de Honor, sea también más conocida en nuestro país, al que toda su vida dedicó, sirviendo al Rey con distinción bajo las banderas de sus Ejércitos".
 

'Bernardo de Gálvez y Gallardo, conde de Gálvez y vizconde de Galveztown: el hombre y la ayuda a los Estados Unidos'.
José Manuel Guerrero Acosta, comisario de la exposición.

"Bernardo de Gálvez (1746-1786) fue uno de nuestros personajes destacados en aquella época tan apasionante de la Ilustración en la España dieciochesca. En su juventud tomó parte como aventurero en la Campaña de Portugal de 1765; posteriormente luchó contra los Apaches en la frontera norte de Nueva España y a continuación participó en el fallido desembarco de Argel. Más tarde realizó una serie de afortunadas campañas en el golfo de México (1779-1781) en las cuales derrotó completamente a los británicos. Entre sus virtudes militares destacan el valor, demostrado ante el enemigo y con el ejemplo personal al frente de sus tropas; la capacidad de aprovechar la oportunidad favorable, como cuando se anticipó al enemigo británico en 1779; el uso proporcional de la fuerza, al evitar causar daños innecesarios a la población civil; la magnanimidad en la victoria, por el trato considerado que ofreció a sus prisioneros; y el reconocimiento de los valores de sus enemigos, como consta en sus escritos sobre los apaches. Creó el primer ejército multirracial de América, en el que complementó las tropas profesionales con milicianos españoles —europeos y criollos— mestizos, norteamericanos, franceses, afroamericanos e indoamericanos.

También brilló como gobernante y administrador. Como gobernador de La Luisiana, se hizo querer y respetar de una población francesa que había sido muy hostil a la presencia hispana, consiguiendo su leal colaboración. Siendo virrey de México en los últimos años de su vida se preocupó por los más desfavorecidos, costeando ayudas económicas de su propio bolsillo ante una atroz hambruna. Su huella en México se proyecta de forma paralela a las misiones y ciudades creadas por España en la frontera norte, hasta la espléndida ciudad de México DF, dónde puso los cimientos del Palacio de Chapultepec, hoy Museo Nacional de Historia de México.

Su carácter era abierto y jovial y era aficionado a la música, compositor de tonadillas, y espectador frecuente del teatro y los toros. Sus inquietudes incluían los avances de la técnica, como demuestra su estudio de mejoras para los aerostatos. Como militar, fue apreciado por sus subordinados. Cabe citar lo que sobre él dejó escrito el intendente de la Luisiana, Martín Navarro:

No solo trata su tropa con aquella afabilidad que le es tan natural y que sabe conciliarle los corazones de sus soldados, sino que se transforma en indio, en criollo, en soldado, lisonjeando a cada uno por aquella parte que le es más sensible, sin perder por esto el decoro que debe a su carácter y a la misma severidad; él fue el primero que campó al descubierto porque la rapidez de la expedición y la falta de lonas no dio lugar a hacer tiendas de campaña… si la falta de pan le pone en el caso de comer arroz, todos hacen de este alimento su mayor regalo y finalmente él hace lo que hacen todos y todos no hacen lo que él hace.

Era firme en el cumplimiento de las órdenes recibidas, aunque no encajaba fácilmente las opiniones contrarias a sus convicciones. Siguiendo las instrucciones directas de S.M. el rey Carlos III, expulsó a los británicos del golfo de México y ayudó estratégica y económicamente a las trece colonias norteamericanas en su independencia.

Es cierto que durante momentos decisivos de su vida, recibió el fundamental apoyo de su tío el ministro de Indias, pero también que brilló por méritos propios en la administración de la paz y por su valentía y capacidad en la dirección de la guerra. En premio a sus distinguidos servicios, recibió del rey los mayores reconocimientos de la época, como la orden de Carlos III, el nombramiento de conde y el ascenso a teniente general.

A finales del año 2014 y a iniciativa de particulares e instituciones su retrato fue colocado en el Congreso de los Estados Unidos. Y en diciembre de 2014 el presidente Obama firmó la concesión a Gálvez del título de «Ciudadano de Honor a título póstumo» de los Estados Unidos de Norteamérica.

LAS OPERACIONES MILITARES ESPAÑOLAS DURANTE LA REVOLUCIÓN AMERICANA

Las campañas emprendidas por Gálvez entre 1779 y 1781 tuvieron una serie de características singulares, ya que si en todas las operaciones militares el terreno y las condiciones atmosféricas son factores clave, lo fueron mucho más en el escenario donde estas se desarrollaron.

El golfo de México y las orillas del Misisipí están en una zona subtropical, donde son frecuentes los huracanes, las tormentas violentas con precipitaciones abundantes, aunque de corta duración y la temperatura y humedad elevadas, que favorecían en la época multitud de enfermedades.

Gálvez y sus colaboradores más directos sabían que cualquier acción debía desarrollarse en parte por vía marítima o fluvial, debido a las grandes distancias y a la precariedad de la red de comunicaciones existente, estando pues muy condicionada por los vientos y expuesta a los temporales. Así ocurrió al primer intento contra La Mobila en 1779 y luego a la primera expedición contra Pensacola en octubre de 1780; en ambas ocasiones un huracán dispersó la flota. Y una vez en tierra, no acababan los problemas: en dos ocasiones una tempestad con lluvias intensísimas se abatió sobre sitiadores y asediados en Pensacola en abril de 1781; anegando trincheras y destruyendo obras de fortificación, tiendas y empapando hombres, vestuario y equipo.

El factor humano también era muy importante. Los soldados europeos enviados como refuerzo desde la lejana metrópoli eran el elemento más valioso desde el punto de vista operacional; eran siempre escasos en efectivos, resultaban muy afectados por las enfermedades tropicales y sus bajas no podían reemplazarse. Para complementarlos eran muy importantes las tropas locales; pero en un territorio escasamente poblado era muy difícil conseguir reclutar voluntarios que dejaran sus ocupaciones —el comercio, la agricultura, la ganadería o la manufactura— y abandonasen a sus familias, con las que a veces vivían en zonas aisladas y amenazadas por los indios o los ataques de los británicos. Ello también hacía que infligir daños o destruir las escasas edificaciones y a sus habitantes significara un enorme problema a resolver una vez finalizadas las hostilidades en un territorio sin apenas población colonizadora. Cabe destacar la importancia que concedió Gálvez a evitar cualquier daño a la población y propiedades en Pensacola, exigiéndoselo al gobernador británico nada más comenzar el ataque y tomando medidas para evitarlo por parte de la artillería y Armada españolas.

Por todo lo anterior, Gálvez sabía que las operaciones militares que tenía que acometer debían ser de corta duración; no podía exponerse a perder hombres y suministros por la climatología, las enfermedades y las deserciones. Como se dice en el documento «Última instrucción para el ataque a Pensacola» La conservación de la tropa es mui importante y también lo es en América (para este fin) que las operaciones sean vivas y breves, porque la lentitud quita mucho tiempo y la intemperie se lleva mucha gente…

Con rapidez y decisión y utilizando estratagemas —como en el asalto a La Mobila en que ocultó la ubicación de la artillería hasta el momento decisivo del ataque— consiguió la rendición de todos los puestos enemigos. Por otro lado, las difíciles comunicaciones provocaban que una guarnición aislada no pudiera resistir mucho tiempo un asedio; y que al rendirse una posición clave, los puestos próximos tuvieran también que rendirse al no poder mantener la resistencia aislados, como le ocurrió a Natchez tras la conquista de Baton Rouge por Gálvez en 1779.

Todo lo expuesto hace que resulte aún más admirable la capacidad que Bernardo de Gálvez y sus colaboradores demostraron para motivar y reclutar ciudadanos de Nueva Orleans y sus alrededores, equiparlos y transportarlos junto al resto de su pequeño ejército y su avituallamiento. Con ellos y junto a las tropas veteranas, consiguieron todas las victorias de la campaña del Misisipí en 1779; y constituyeron un refuerzo imprescindible para la victoria en la de 1781.

LA CONTRIBUCIÓN MILITAR ESPAÑOLA A LA REVOLUCIÓN AMERICANA

España hizo un enorme esfuerzo para enviar el mayor contingente militar remitido a América hasta la época por cualquier potencia europea, y por supuesto, durante la guerra de Independencia de los EE. UU. En Cádiz se preparó una expedición de 11.000 hombres y más de setenta buques para ser enviada a combatir en el golfo de México. En Brest se preparó también la Expedition Particulière francesa, que debía transportar otros 10.000 soldados a ayudar al ejército de Washington, pero por problemas de transporte solo pudieron embarcar algo más de 5.000. Ambas expediciones partieron en abril de 1780 y sufrieron muchas bajas por enfermedades contraídas durante la travesía.

Resulta paradójico que, habiendo enviado España más del doble de hombres que Francia, haya sido la ayuda francesa la única conocida popularmente y la sola considerada por numerosos autores galos y anglosajones. Otro tanto puede decirse de la decisiva ayuda económica, aportada primero de forma paralela a la francesa por la corona española por canales secretos (mucha de ella vía Francia, pero también desde Nueva Orleans y La Habana) en favor de los norteamericanos entre 1776 y 1782.

Gálvez formó un ejército de operaciones con tropas profesionales pero también movilizando a numerosos voluntarios franceses y americanos de todas las razas, que formaron el primer ejército multicultural de Norteamérica.

Las operaciones de Gálvez abrieron un segundo frente en el sur a los británicos, que se vieron obligados a enviar una expedición desde Nueva York en septiembre de 1779 ante el peligro de invasión de Jamaica y las guarniciones de Florida, impidiéndoles reforzar sus tropas en Carolina del Sur. Todos los efectivos ingleses enviados a Florida y Bahamas cayeron prisioneros, perdiendo los ingleses las posesiones en el sur del continente, la Luisiana y las Floridas más las que habían ocupado en las Bahamas, Guatemala y Honduras. La presencia de navíos de guerra españoles y franceses en el golfo de México y Antillas y en las costas septentrionales de Norteamérica causaron también muchos problemas a los británicos. Por otra parte, tras la guerra, la sustitución de los británicos por los españoles en Florida y Luisiana el sur facilitó a la postre la

anexión ulterior de estos territorios a los Estados Unidos, que de haber estado en manos británicas habría sido mucho más complicada.

La flota del almirante De Grasse había recibido más de un millón y medio de pesos en La Habana en agosto de 1781 para pagar a sus tripulaciones y a las tropas francesas que combatían junto al ejército de Washington. Gracias a estas sumas de dinero español se pudo pagar a las tropas y dar la batalla decisiva de Yorktown, que puso punto final a la independencia de los Estados Unidos.

En archivos norteamericanos y españoles hay numerosos documentos diplomáticos y mercantiles de los barcos que durante la guerra partieron de Bilbao, Cádiz, alguna ciudad europea, Nueva Orleans y La Habana, en cuyos listados figuran: dinero en metálico, armamento, pólvora, municiones, uniformes, pertrechos, medicinas, etc. remitidos por la Corona Española o alguno de sus agentes, que se han calculado recientemente en un total de tres billones de dólares al cambio actual".