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Entre dos mundos

José Bedia

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El pintor cubano José Bedia presenta en Casa de América su última muestra con más de 30 dibujos en los que las tradiciones afrocubanas, la influencia indígena y los choques culturales son los protagonistas. El viernes 27 de enero José Bedia (Cuba) ofreció una charla antes de inaugurar la exposición, en la que el artista habló de sus pautas creativas y las bases fundamentales que centran su trabajo.

Considerado como uno de los artistas contemporáneos más importantes de Latinoamérica, Bedia trae por primera vez a Madrid un sugerente viaje plástico entre culturas.

Como los grandes artistas, José Bedia (La Habana, 1958) construye espejos en los que nos podemos ver con muy diferentes aspectos y así aprender un poco más de nosotros mismos. No es aventurado llegar a decir que su objetivo se sitúa en enriquecer a las personas ayudándolas a comprender que hay muchas formas de vida diferentes y que de todas se aprende a construir seres humanos en plenitud.

Bedia basa su trabajo en un tratamiento crítico y antropológico de pueblos y culturas con orígenes ancestrales en su mayoría. Muchas de sus obras están inspiradas en tradiciones afrocubanas vivas actualmente en su país, pero también estudia y trabaja sobre culturas de origen amerindio como los siux, yakis, cheroquis u originarias de América Latina, Australia u Oceanía. Esto es, sobre culturas no occidentales.

En muchísimas ocasiones Bedia convive con estas personas tratando de empaparse verdaderamente de todo tipo de detalles que conforman su ‘manera de vivir’. Es una suerte de trabajo de campo, con el rigor que establece la ciencia antropológica, pero que no busca ningún orden científico posterior. Su finalidad es la creación de una estructura de reflexión artística.

Lo que Bedia quiere sacar ‘de ellos’ es el conocimiento profundo del por qué de sus costumbres y creencias, comprender los procesos de desarrollo de otras formas de vivir. Es una especie de “estar y ‘vivir’ allí” con ellos, para luego terminar en un “vivir aquí”, entre nosotros, parafraseando al antropólogo estadounidense Clifford Geertz.

El atractivo formal del trazo de su dibujo fortalece intensamente la eficacia de esa reflexión. La forma plástica escogida por Bedia es particularmente eficaz. En el caso concreto de esta exposición, la mayoría de las piezas tienen como soporte un papel que remite a lo originario por estar hecho a mano o tener un carácter muy poco industrial. Sobre este ‘sencillo’ soporte se plasman las ideas. Él dice: “Los materiales deben ser sencillos como las ideas. No me gustan las decoraciones innecesarias ni los barroquismos”. Pues bien, con esa incisiva sencillez usa el carbón, el óleo, el acrílico… aplicado muchas veces directamente con las manos como en una especie de transmisión directa de la voluntad de estar verdaderamente dentro de la obra.

Así, sencillamente Bedia nos interpela. Nos llama. Y, ¿qué pasa? Que nos enseña lo que hay de verdad, sin ruido, sin el trastorno de lo que no vale la pena. Así es su obra: un terreno despejado que nos deja ver los dos mundos entre los que él dibuja y nosotros vivimos.

Comisaria: Isabel Durán.

Fechas de la exposición: Del 27 de enero al 18 de marzo de 2012.
De lunes a sábado de 11:00h a 20:00h.
Domingos y festivos de 11:00h a 15:00h.
Salas Frida Khalo y Diego Rivera.
 

“Mi trabajo tiene que ver con una práctica de campo, el estar en el lugar, convivir con las gentes, colectar objetos y fotografías, e incluso visitar el mismo lugar en más de una ocasión” afirma José Bedia (La Habana, 1959).

Y es que la obra de este pintor cubano, considerado como uno de los más importantes de la escena contemporánea latinoamericana, es capaz de trasladar la cultura indígena y los rasgos más distintivos de los ritos afrocubanos al papel amate hecho a mano y con formatos que llegan a superar los tres metros de largo.

La labor de carácter antropológico que tienen detrás las pinturas de Bedia es llevada a cabo con una metodología casi científica que incluso le ha llevado a convivir en varias ocasiones con diferentes grupos indígenas y a aprender su lengua. Sin embargo, el resultado final de sus trazos no busca precisión científica alguna sino invitar a una profunda reflexión marcada por grandes figuras que promueven la comunión de Occidente con las culturas indígenas no occidentales.

Su iniciación en los ritos de la religión Palo Monte o el estudio de las culturas cheroquis y siux han permitido a este artista del amate pasar por galerías y museos tan relevantes como el Museum of Art de Fort Lauderdale, Florida (Estados Unidos), la Walter Philips Gallery de Alberta (Canadá) o el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (México). Además de tener obras en colecciones de todo el mundo entre las que destacan el MOMA, el Guggenheim y el Whitney en Nueva York (Estados Unidos); el Philadelphia Museum of Art (EE.UU.) o el Pori Taidemuseum de Finlandía.